Oaxaca y su sabor volverán al Norte del país.

El arduo trabajo sobre el lienzo.

“No se cerraron los ojos cuando vio los cuernos cerca/ pero las madres terribles/ levantaron la cabeza/ Y a través de las ganaderías/ hubo un aire de voces secretas/ que gritaban a toros celestes/ mayorales de pálida niebla/ No hubo príncipe en Sevilla/ que comparársele pueda/ ni espada como su espada/ ni corazón tan de veras/ Como un río de leones/ su maravillosa fuerza/ Y como un torso de mármol/ su dibujada prudencia".

Esta es la belleza poética del español de todos los tiempos. Federico García Lorca.

Y con estas líneas describimos al artista del ruedo mexicano Pacco Soriano, quien naciera en un pueblo del valle oaxaqueño, San Pablo Huitzo, de donde tuvo que emigrar a la ciudad de Oaxaca, para realizar sus estudios.

Cumpliendo con estos conocimientos, ya tenía la inquietud del dibujo, deslizando su lápiz en su cuaderno le encantaba dibujar animales, pero más que nada le atraía ver pasar el ganado de los campesinos de ese lugar.

Así continuó por mucho tiempo hasta que optó por buscar un buen maestro que le enseñara. Éste, viendo la destreza del niño, lo condujo a buena visión, fue entonces cuando ya conjugaba la pintura con el apoyo técnico de los artistas como Antonio Albanes y Juliano Simonne, este último en su poesía más espiritual.

La figura estoica del toro.

La fiesta brava

"Desde niño los toros me han atraído, mi pasión era ser torero, tanto que los veo en el ruedo, les guardo una eterna admiración y soy adicto a la fiesta taurina, solo por contemplar la forma en que el torero va vestido de luces, con ese garbo que lo caracteriza, toma la verónica, lo llama, el toro obedece, mientras el torero le enseña la verónica el toro va sobre ella, es entonces cuando el torero alza el lienzo mientras el toro pasa triunfal, vuelve de nuevo pero ya con el espadín que sostiene la verónica y vuelve hacer otra toreada de triunfo. Estos movimientos son los que me fascinan y los llevo a la plástica con el empeño de captar la música, acto revolucionario en el arte taurino, es propio".

La gran obra de arte

Paco Soriano, es único, es el torero en óleo, es un visionario del arte de la tauromaquia.

Y va acorde con el poeta García Lorca, que sigue diciendo:

“Aire de Roma andaluza/ le doraba la cabeza/ donde su risa era un nardo/ de sal y de inteligencia/ ¡Qué gran torero en la plaza!/ ¡qué buen serrano en la sierra!/ Que blando con las espigas/ Que duro con las espuelas/ Que tierno con el rocío/ Que deslumbrante en la feria/ Que tremendo con las últimas/ banderillas de tiniebla/Que blando muro de España/ Que negro toro de pena/ Oh sangre dura de Ignacio/ Oh ruiseñor de sus venas”.

Paco Soriano, es artista que muestra simultáneamente el interior y exterior del animal, sabe captar los momentos colosales del toro, las patas, su vientre y la mejor cabeza, están pintadas de negro, rojo o blancos como Apis, uno de los dioses-toros de los egipcios.

Al su alrededor del torero hay un revoloteo de símbolos que a veces se posan sobre sus cuerpos, del enigmático animal, y es de una estética admirable cuando el caballerango intenta clavar los pistones, ¡no, no lo logra! porque el toro se lanza sobre el caballo, queriendo tirar a ambos, si estos son los momentos que atrapa Paco Soriano, el artista genial del arte taurino, un oaxaqueño que vive en ruedo de la feria de Huamantla.

¡Olé Soriano el toro es tuyo!