Luvina, pueblo rulfiano que vive del bosque

Savia de vida en la Sierra Norte
Cecilia CandelariaCecilia Candelaria

Luvina tiene un estricto plan de explotación forestal

En la Sierra Norte de Juárez, en el estado de Oaxaca, se ubica una comunidad que cobró fama mundial por un relato de Juan Rulfo que se incluye en su libro El llano en llamas. Aunque el escritor mexicano retrata a la comunidad como un lugar lleno de tristeza y pobreza, Luvina es una comunidad pletórica de vegetación, colorida y llena de gente alegre y trabajadora.

Luego de serpentear casi tres horas en la carretera Oaxaca-Tuxtepec, un discreto letrero indica la entrada a San Juan Luvina. Un camino de terracería de cinco kilómetros que lleva de la carretera al pueblo deja ver el esplendoroso bosque y lo bien conservado que se encuentra.

Trabajo con proyecto

A casi 35 años de que las comunidades recobraron el control sobre el aprovechamiento de sus recursos forestales, luego de que fuesen concesionados a empresas privadas y paraestatales para su aprovechamiento, el bosque de Luvina se ha recuperado gracias al arduo trabajo de los comuneros y su plan de manejo forestal.

En esta comunidad el bosque juega un papel preponderante: su aprovechamiento genera ingresos económicos que permiten contribuir sustantivamente con los costos de los servicios de salud y educación, las fiestas patronales, la operación de la agencia municipal, entre otros servicios a la comunidad.

“Sin el bosque no tendríamos nada, el aprovechamiento forestal representa, en realidad, el único ingreso monetario que tiene la población local. Las familias también hacen un poco de milpa, pero es para el autoconsumo, así que el trabajo relacionado con el manejo del bosque es, en verdad, nuestro único ingreso”, relata José Paulino Cruz, miembro del Consejo de Vigilancia del Comisariado de Bienes Comunales de Luvina.

Proyecto de una década

Desde que era muy joven ha trabajado en el monte. “Llevo más de 30 años en esto del manejo y aprovechamiento del bosque, pero ya a mis 56 años el cuerpo se empieza a cansar, fallan a veces las fuerzas. Es un trabajo muy duro pero que debemos hacer”, explica mientras supervisa que los motosierristas hagan su trabajo de forma correcta, es decir, que solo aprovechen los árboles que han sido marcados tal cual se especifica en el programa de manejo que se ha elaborado para planificar las actividades por espacio de 10 años.

A pesar de la lluvia les descompone los caminos para la extracción de las trozas de madera, la comunidad no para, durante todo el año están trabajando, ya sea en la extracción de madera, la reforestación, el marqueo, la limpieza y acomodo de materia vegetal en el bosque; los aclareos, la apertura de brechas o bien en cuadrillas de vigilancia.

Dique a la migración

La comunidad carecía de mano de obra debido a la enorme migración de los habitantes, que se veían obligados a salir del pueblo para buscar empleo. Muchos optaron por irse a Estados Unidos, José Paulino fue uno de ellos, estuvo en California y Oregon trabajando en campos agrícolas y en la construcción. “Así como se ganaba en dólares, también se gastaba en dólares, se trabaja muchísimo y el dinero no es demasiado, mejor me regresé con mi familia y a cuidar a mis padres”.

“Yo ya no volvería a Estados Unidos, me gusta más la vida en el pueblo, además ya es muy caro ir para allá y si te agarra la policía te vas a la cárcel. Aquí con el aprovechamiento forestal y la milpa la gente puede vivir, muy ajustados, pero se puede”, comenta con tono nostálgico.

Enedino Ramírez García, asistente técnico de la comunidad, indica que el bosque de Luvina es irregular, tiene árboles de muchas edades y tamaños, por eso se emplea un esquema de aprovechamiento de selección, en el que se extraen los árboles viejos y con malformaciones. “Procuramos hacer un cultivo silvícola para que en próximos años la comunidad pueda extraer madera de mejor calidad y así obtener mejores márgenes de utilidad”.

Valor agregado

Puesto que la comunidad tiene una cobertura forestal relativamente pequeña en comparación con otras de la región, 4 miil 500 hectáreas, sus miembros saben que necesitan agregar valor a su producción, pasando de vender madera en rollo, sin procesar, como lo hacen actualmente, a vender madera aserrada. Enedino Ramírez explica que esto les generaría más ingresos y podrían abrir otros puestos de trabajo para los habitantes de la comunidad.

Mucha de la gente que en años anteriores había migrado está comenzando a regresar a la comunidad, algunos por el endurecimiento de las políticas migratorias en Estados Unidos y otros porque en verdad quieren regresar a su pueblo. La gente que está regresando a cubrir la mano de obra necesaria para realizar el aprovechamiento forestal, pero también para emprender otros proyectos productivos en los que se puedan insertar las mujeres y los jóvenes.

La comunidad de San Juan Luvina tiene una enorme riqueza natural, “tenemos arroyos, mucha biodiversidad, restos prehispánicos y hasta pinturas rupestres, pero aún no hay dinero para invertir en estos proyectos; eso será más adelante”, aclara José Paulino.

En agosto comenzaron a trabajar en la última anualidad de su plan de manejo vigente, y ya están tramitando la renovación. “Lo hacemos con más de un año de anticipación para que no vaya a haber retrasos y que las autoridades nos lo autoricen antes de que se termine el plan de manejo vigente, porque si paramos la operación la gente se queda sin trabajo y la comunidad depende, en gran medida, de esta actividad”, detalla el asistente técnico forestal.