Exigen freno a trabajo infantil en Oaxaca; cancela futuro

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De acuerdo a Unicef, es mayor el trabajo infantil en zonas rurales y mucho menos detectable

Frenar el trabajo infantil requiere voluntad política, acciones institucionales coordinadas y articuladas que impida que niñas, niños y adolescentes tengan un bajo rendimiento escolar o deserten de estudiar porque sus tutores necesitan que contribuyan a la economía familiar.

En ello coincidieron la fundadora de la organización Ixquixóchitl (Árbol de muchas flores), María Cristina Salazar Acevedo, y la investigadora Claudia Ramírez Izúcar.

Para ambas especialistas, la línea que separa el trabajo infantil de las actividades colaborativas de infantes y adolescentes en su familia es tan delgada que puede terminar por vulnerar su derechos a la salud y a la educación.

Colaborar, pero no trabajar

“Nos debe quedar claro que tender la cama, lavar los trastes o ayudar en el negocio familiar no es trabajo infantil, es necesario que niñas y niños lo hagan para su formación”, el problema advierte Salazar Acevedo es cuando realizan trabajo doméstico no retribuido o en jornadas extenuantes.

Cuando la actividad vulnera alguno de sus derechos como asistir a la escuela, su salud o el juego “ahí si hablamos de trabajo infantil”, que requiere acciones institucionales articuladas para inhibir esta problemática que no se va a solucionar con su prohibición.

“Nadie puede pedirle a una familia que su hijo vaya a la escuela en vez de trabajar cuando aporta a su economía, el Estado les debe dar herramientas para que rompan con el círculo de la pobreza, erradicar el trabajo infantil es posible, pero depende de la voluntad política de las autoridades”, sostiene la ex secretaria ejecutiva del Sistema Local de Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes (Sipinna).

En esa aspiración la sociedad “debe tomar conciencia de la gravedad de la situación” e impedir que niñas, niños y adolescentes aporten ingresos económicos a su familia con su trabajo, en un contexto de precariedad y una pobreza histórica.

Responsabilidad impuesta

A su vez, la socióloga egresada de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Xochimilco, Claudia Ramírez Izúcar, tiene claro que cuando un niño o niña acompaña a su madre o padre a trabajar en vez de ir a la escuela, “hacen una parte que no les corresponden”.

Aunque sigan inscritos, se ausentan con frecuencia de la escula y no logran el rendimiento esperado, cubriendo jornadas largas similares a las que tienen papá o mamá.

Eso le pasa a Fany, una adolescente de 12 años que, junto con su mamá Juana, llega a las 7:00 horas al andador turístico para expender guirnaldas de flores artificiales, un adorno para niñas y mujeres .

Ambas, originarias del estado de Guerrero, pasan 16 horas vendiendo en la calle. “La traigo para que me ayude”, acepta Juana cuando relata que viven temporalmente en el centro de la ciudad de Oaxaca.

Para Ramírez Izúcar ese “acompañamiento” de Fany a la actividad comercial que realiza Juana en la calle, la expone a riesgos como un embarazo no planeado y a edad temprana o ser víctima de redes de trata.

“Conviven en un espacio de adultos, sin las mismas herramientas para protegerse”, además de que en su mayoría se trata de familias indígenas que son expulsadas de su comunidad de origen porque ahí no encontraron lo necesario para su subsistencia.