Amenaza biopiratería reserva genética del maíz oaxaqueño

Para las comunidades indígenas la conservación de la reserva genética de las distintas variedades de maíz nativo les ha tomado cientos de años y se convierten en una propiedad colectiva, amenazada ahora por la biopiratería.

Así lo advierten integrantes del Espacio Estatal en Defensa del Maíz Nativo, una vez que se ha difundido que la empresa estadounidense Mars Incorporated y dos universidades públicas en Estados Unidos “descubrieron” en la Sierra Mixe la existencia de un maíz que, para crecer, toma directamente el nitrógeno del medio ambiente sin que requiera fertilizantes nitrogenados o agroquímicos.

El informe de la investigación, publicado en octubre pasado no precisa en qué localidad mixe un grupo privado de las universidades estadounidenses Davis y Wixconsin-Madison realizó trabajos de campo con aprobación incluso de la comunidad.

Sin rastro en Oaxaca

“No estamos enterados de nada o en qué comunidad ocurrió”, precisó Elías Velasco López, de la Organización de Agricultores Biológicos (ORAB), una de las 18 asociaciones que conforman ese Espacio Estatal en Defensa del Maíz Nativo.

Tras un sondeo con las comunidades de la Sierra Mixe, aseguró que “las comunidades ni siquiera están enteradas”, por lo que de haberse dado la investigación seguramente fueron “engañados” o se trata de un caso de biopiratería de empresas o universidades en contubernio con el Gobierno.

“El maíz es una propiedad colectiva y debe estar en manos de los pueblos y no de una trasnacional”, precisó al hacer referencia a MArs Inc., la cual es propietaria de diversas marcas de chocolate.

Sin posibilidad de que a corto plazo se haga “algo legal”, afirmó que la investigación es parte de una oleada de bioprospección (la búsqueda de información a partir de especies biológicas para su uso posterior en procesos de producción) en comunidades indígenas.

Esa “Invasión sistemática de empresas a las comunidades indígenas de Oaxaca”, es muy similar al plagio de textiles que elaboran principalmente mujeres en comunidades como Santa María Tlahuitoltepec y comercializan marcas internacionales.

“La gente en las comunidades es muy noble, a veces son manipuladas, engañadas o simplemente no se enteran” y cuestionó:

“¿Para qué le sirve un maíz que produce su propio nitrógeno en manos de una transnacional. el maíz no es de nadie? es producto de muchos años de evolución, si se dieron los permisos, se debe dar reversa”, urgió.

Son las empresas transnacionales las que han acaparado la producción de alimentos, a merced de políticas públicas que han privilegiado programas gubernamentales para entregar fertilizantes de pésima calidad que a la largan han acabado con la fertilidad de los suelos, destruyendo “la forma en que las comunidades”.

En vez de que los alimentos salgan de las comunidades, “tienen que llegar de las ciudades, lo que evidencia el desmantelamiento del sistema de producción” que beneficia a las grandes empresas que los producen, minando la soberanía alimentaria.

“El acceso inmediato a los alimentos que consume a diario una familia, lo tienen asegurado quienes tienen los recursos económicos, en los lugares urbanizados priva la dinámica de compra-venta”, lo cual se repite con la importación de maíz que hace México.