Para todo mal, medicina tradicional

Mario Jiménez LeyvaMario Jiménez Leyva

Masaje a base de ventosas

No representa un gasto oneroso para los pacientes; quien la ejerce suele utilizar las propiedades de las plantas y el conocimiento ancestral, generalmente heredado de sus antepasados; pero la falta de información en torno a la medicina tradicional causa escepticismo, ignorancia y hasta miedo.

A sus 57 años de edad, Belinda Estrada aceptó por primera vez superar esas barreras y permitir que Nelly Velasco Diego utilizara sus conocimientos en medicina china y ancestral para quitarle el dolor de espalda.

“Me agarró como un sueño, me relajé mucho, soy muy nerviosa, me siento muy bien”, dice al bajar de la mesa para masaje, en donde probó los beneficios del calor de las ventosas.

El médico le ha dicho a Belinda que su problema de dolores de rodilla y espalda tienen que ver con los 12 kilos que debe perder.

Alphabiotista, una técnica quiropráctica para alinear la estructura del cuerpo ante el deterioro que provoca el estrés. FOTO: Mario Jiménez

Conocimiento heredado

Desde la óptica de Nelly, el problema es que la medicina alópata desacredita el conocimiento de los médicos tradicionales, quienes como ella “podemos hacer más cosas porque tocamos músculos y utilizamos el conocimiento que heredamos, sin necesidad de ir a la escuela”.

Para ella, el aprendizaje de la medicina china y ancestral lo aprendió de su madre Hermila Diego González, quien nunca pensó entrar a ese mundo.

“Fue el compromiso de ver a una mujer pariendo” en San Melchor Betaza, de donde es originaria, lo que hizo asistir a su primer parto. Ese conocimiento le ayudó a superar a ella misma el cáncer que en el 2014 le diagnosticaron y que superó el año pasado.

Más de 60 años dedicados a la medicina tradicional, 30 de ellos radicados en la ciudad de Oaxaca, le han hecho sentir miedo para ejercer la partería, por el rechazo y estigma en contra de ellos.

“Compartimos el dolor ajeno, pero no vemos al enfermo como algo que nos dé dinero”, dice con la satisfacción que compartir sus conocimientos la ha llevado a viajar a otros países.

Si algo le falta a la medicina tradicional es apoyo de las instituciones, como la Primera Feria de Medicina Tradicional y Complementaria que se realizó ayer.

Pago injusto

Los 50 pesos que cada terapeuta o médico tradicional cobraron durante la feria de ayer no representa un pago justo, que fuera de ese espacio puede ser de hasta 200 pesos, que no los exime del regateo o de que les llamen charlatanes.

“Nosotros llegamos a tratar a una persona hasta con cien pesos, una cantidad mínima porque no valoran lo que hacemos”, opina Aurelio Hernández Santiago, un joven indígena zapoteco de San Baltazar Chichicápam, del distrito de Ocotlán, quien aprendió de su bisabuela Simona el amor por las plantas y a curar de susto.

En su municipio es el único que acaba con ese mal cuando una persona no se siente tranquila, tiene miedo en los sueños o un niño llora mucho, malestar que “provoca un espíritu” al que se le nombra como “susto”.

Creyente de estas prácticas, María Luisa Rivas, médica tradicional del distrito de Cuicatlán, acudió con Aurelio para que barriera a su hijo de 8 años y le curara del susto que le provocó un perro.

“Este tipo de cultura se está perdiendo; no en todas las zonas se ven las curadas de susto, pero cada vez se va sabiendo menos de nuestras tradiciones”, considera.

Falta difusión

Esa falta de difusión de las técnicas de conocimiento ancestral es una de las barreras que el terapeuta Carlos Díaz Fuentes ve para llegar a más personas.

Él, es de los pocos alphabiotistas, alinea y unifica la columna, a la par de los hemisferios. Basta con recostar a la persona en una mesa de masaje, le junta sus pies para ver si están desalineados, hace unos movimientos y tirones de cuello.

“No conocen la técnica y no sabemos que podemos sentir muy bien”, reconoció Esperanza Ramírez, quien también ha superado su miedo de recurrir a técnicas ancestrales, pero cada vez menos conocidas.