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Calles, infierno para mujeres

Foto(s): Cortesía
Redacción

Coraje, impotencia, asco y temor, son sólo algunos de los sentimientos que “Andrea” guarda desde el día que fue víctima de acoso sexual callejero. Los estragos de la violencia que recibió los vive todos los días, mientras que su agresor sigue en libertad, pues la ley se lo permite.


Datos de organizaciones no gubernamentales en defensa de la mujer en Oaxaca refieren que las oaxaqueñas reciben al día entre ocho y 10 miradas, palabras o acciones en las calles que trasgreden su derechos a la libre circulación.


Consorcio Consorcio para el Diálogo Parlamentario y la Equidad en Oaxaca, apunta que el acoso sexual callejero es violencia invisible, pues no existen evidencias físicas que demuestren el hecho.


Este tipo de acoso sexual callejero no está tipificado como un delito en el Código Penal Federal. El paso más avanzado se tiene en la Ciudad de México, en donde se considera a las miradas y palabras lascivas como violencia sexual.


La Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (Envipe), indica que el 32 por ciento de las mujeres ha sido sujeta de intimidación, abuso sexual o físico y ocho de cada 10 víctimas de acoso sexual de violación o secuestro son mujeres.


Este acoso también se difunde en las redes sociales, a través de perfiles de Facebook y en cuentas de Twitter, en la que los acosadores suben a internet fotos de los traseros, bustos y piernas de mujeres caminando por las calles; en la capital del estado es una de las prácticas más comunes.


 




Los autobuses son uno de los lugares donde se registra el acoso sexual callejero

 


Viajar con el enemigo


“Andrea” no ha podido olvidar la ocasión en la que ese hombre frotó su miembro en su hombro, mientras viaja en el transporte público.


Mirar a todos lados cada vez que sale a la calle y asegurarse de que nadie la sigue se volvió para la joven de 22 años en una acción tan vital como respirar.


Hablar de aquel momento le provocan calosfrío, pero “Andrea” no quiere callar, siente la necesidad de que estas agresiones salgan a la luz, sobre todo cuando la leyes aún no están a favor de las mujeres.


“A veces ya no sé qué pensar, o hacer. Que la sociedad se solidarice contra estos actos hasta ahora es lo mejor, pues las leyes limitan a las autoridades de procuración de justicia para actuar contra nuestros agresores”.


 




La estudiante se siente indefensa al transitar por las calles

 


El pasado 1 de julio comenzó el calvario psicológico para la estudiante. Un autobús de la comunidad de Zaachila se convirtió en el cementerio de su tranquilidad.


Eran cerca de las 15:30 horas cuando, al transitar por el municipio de Santa Cruz Xoxocotlán, un hombre se detuvo a su lado sobre el pasillo de la unidad, a pesar que había asientos desocupados.


De inmediato la joven comenzó a sentir el movimiento lascivo del hombre sobre el hombre de la chica; el terror la invadió. La joven narra que volteó a ver a su acompañante de asiento, otra mujer, pero estaba entretenida con el celular.


“¿Grito? y si me golpea, y si no me ayudan y dicen que estoy loca...”, fueron las ideas que invadieron el pensamiento de la joven; los pocos segundos en que el hombre la violentó fueron eternos, pero apenas alzó la mirada pudo identificarlo. Se trataba del mismo que dos semanas atrás intentó hacerle lo mismo. Eso fue suficiente para romper el silencio y pedir ayuda.


En su intento de escapar, mientras el autobús se detuvo para cargar pasaje, el agresor también la golpeó y la lanzó al piso del camión.


Pasajeros de autobús y otros testigos detuvieron al agresor, así como ayudaron en la declaración de los hechos.


 




La policía no siempre reacciona ante estos casos

 


Romper en llanto por terror


Valeria fue amenazada de violación a plena luz del día en el Centro Histórico de Oaxaca. El terror de ser agredida por un extraño se transformó en coraje cuando las autoridades estatales tampoco le garantizaron el derecho a libre circulación al librar al sujeto pese a que existía un video como evidencia.


La víctima relata que el pánico la invadió al escuchar las primeras agresiones del hombre; “Te voy a meter ese material por el culo, esa cámara te la voy a meter por el culo, puta lesbiana de mierda”, fue una de las frases que la mujer logró grabar luego de varios minutos de blasfemias.


“Me paralicé en los primero minutos, no sabía que hacer, pero en lo que llegaba la ayuda de algún policía, lo seguí con la mirada y después cuando la policía lo detuvo lo grabé para que las autoridades me creyeran, porque luego ese es el problema; hay evidencia del hecho”, relata la mujer en entrevista.


En el video que grabó la víctima durante la detención del agresor, el sujeto precisa: “Yo acuso a las lesbianas y a las mujeres que se cagan en los hombres”. Él presentó pasaporte estadounidense, pero tenía acento costarricense.


“Yo pensé que iba a parar cuando la policía llegara, pero no fue así, eso me da aún más miedo”. La agresión se registró el pasado 4 de noviembre sobre la calle de 20 de Noviembre, mientras la víctima disfrutaba de su visita a la capital como motivo de un viaje de trabajo.


“Sigo impactada de cómo se puede agredir a una mujer con tanta facilidad; que sea a la vista de todos y que casi nadie reaccione para ayudar”, agrega con un tono de coraje en la voz.


Después de eso, la víctima se encerró en la habitación del hotel donde se hospedó, con el temor que al salir se lo encontrara en la calle.


 




Las oxaqueñas exigen justicia

 


Parálisis en la justicia


Las denuncias en ambos cosos se iniciaron como abuso sexual, pero los agresores fueron puestos en libertad. En el caso de Andrea, el hombre permaneció 48 horas detenido, mientras que, en el segundo, la víctima nunca recibió información del destino de su victimario.


Andrea indica que se siente decepcionada de las autoridades de la Fiscalía General de Justicia, quienes cerraron el caso el pasado siete de noviembre sin que existiera castigo para el agresor.


Durante el proceso el hombre indicó en un principio que tenía problemas en sus facultades mentales, después declaró menores ingresos para no cumplir con reparación del daño, pese a que en un principio presumió con gafete que era trabajador del gobierno del estado.


Ahora, la joven de 22 años acude a terapia psicológica para superar la agresión; “Yo lo que quería era que el hombre reconociera su error, que entendiera su error, la lección para que no lo vuelva a hacer”, expresa la estudiante.


Los videos tomados por Valeria no fueron suficientes para que su agresor recibiera una sanción. Su proceso estuvo acompañado también de amenazas de parte de los elementos del Cuartel Estatal de la Policía Estatal, quienes le negaron información sobre su atacante.


La joven comenta que la amenazaron con no dejar pasar a su abogado de no proporcionar toda la información que se le requería. Además, cada vez que preguntaba que pasó con su agresor, la respuesta fue “están haciendo el parte”, pese a que habían pasado varias horas.


Valeria denuncia que la atención en el Centro de Justicia para las Mujeres (Cejum) fue muy “cuadrada”, pues lo único que le dijeron en el área de atención psicológica. Luego de explicarles que no era de la ciudad, los servidores públicos insistieron en que debía asistir a las oficinas a terapia, sin brindarle más opciones.


Ambas Las víctimas fueron atendidas en el Centro de Justicia para las Mujeres (Cejum).


Datos:


4 casos se han evidenciado en redes de julio a noviembre


7 cuentas de Twitter donde se suben fotos de mujeres


7 de cada 10 mexicanos ha visto a un hombre acosar física o verbalmente a una mujer en la calle según una encuesta


 


Qué dice el Código Penal:


En Oaxaca, Artículo 241Bis señala que en materia de abuso, hostigamiento y acoso sexual, estupro y violación, se castiga con entre uno y tres años de prisión, además de multas y pago por la reparación del daño.


El Código Penal Federal -en su artículo 259 BIS- contempla el acoso sexual como un delito, pero sólo cuando sucede en el ámbito de lo privado (por ejemplo en lo laboral) y cuando exista una relación de subordinación entre la víctima y el agresor.


 


La ley


2007, se publicó la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia

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