En Zahuatlán, Oaxaca, comer polvo sin acceso a la salud

Quimérico, el derecho a la salud
MARIO JIMÉNEZ LEYVAMARIO JIMÉNEZ LEYVA

Maribel y el hambre atiborrada en la pequeña cocina.

MARIO JIMÉNEZ LEYVAMARIO JIMÉNEZ LEYVA

La cosecha de autoconsumo asegura alimentos por un año.

CAÑADA TECOLOTE, SAN SIMÓN ZAHUATLÁN, Oaxaca.- Cuando el cielo comienza a clarear, don Apolonio clava los codos al piso y, con el esfuerzo de sus 82 años se arrastra fuera de la casa de adobe. Hace un año sus piernas lo traicionaron. Dejaron de caminar atacadas por un “mal de huesos” que, con el frío, se sienten como agujas enterradas.

Sus fuerzas estás más disminuidas que de costumbre. No hay alimentos, lleva dos días comiendo únicamente tortillas con guaje, pero aún así se aferra al piso hasta llegar a orilla del camino sólo para tenderse al sol. Pensando que avanzar pecho tierra es un juego, cuatro cachorros lo jalán del desgastado pantalón.

“Heee, shuuuu”, ahuyenta a los perritos Maribel, hija de Apolonio, quien como madre soltera tiene a su cargo una bebé de un año, un niño de tres y a su papá enfermo .

La familia habita en Cañada Tecolote -el barrio con mayor marginación de San Simón Zahuatlán, el tercer municipio con mayor pobreza extrema de Oaxaca- su ingreso diario está reducido a 13 pesos, siempre y cuando logren coser un balón, o de cinco pesos si tejen un sombrero de palma. Aquellas actividades son las únicas fuentes de empleo.
 

Sin acceso a la salud

Con su voz ronca y en mixteco, don Apolonio explica su malestar. Las palabras se sueltan con angustia, agolpadas unas contra otras.

“El abuelito dice que no tiene dinero para ir al doctor, que desde hace mucho le duele la pierna, que no encuentra alivio”, traduce el regidor de Obras, quien al igual que el 99.3 por ciento de la población en Zahuatlán, vive en pobreza; él también cose balones.

 

El acceso al agua es un derecho otorgado a cuentagotas. FOTO: Mario Jiménez Leyva

 

Aunque la salud es un derecho humano, para quienes habitan en el Tecolote es una utopía. En la abrupta montaña donde fue fundada la localidad no existe transporte público. Viajar a la cabecera municipal es una caminata de más de una hora sobre una carretera recortada en zig zag; es atravesar un río y seguir con el andar comiendo polvo.
 

Sin médico ni apoyo oficial

El recorrido podría resultar en vano. En la unidad médica falta personal. “Tenemos mucho problema en la clínica, hay mucha gente que atender y no tenemos más que un médico y una enfermera. Ese es nuestro principal problema. Mucha gente nos reclama: ¿Por qué no hay doctor, no hay enfermera?. Fuimos y dejamos solicitud al gobierno del estado, ojalá nos atienda”, dice Cerapio Clemente de Jesús, presidente municipal de Zahuatlán.

De acuerdo con el edil, los recursos canalizados a la localidad son insuficientes ante todas las carencias que enfrentan. El Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (Inegi), reporta que 80.8 % de las casas carecen de drenaje, y en 11.3 % está ausente el agua entubada, el resto sólo dispone del vital líquido una vez cada 13 días.

“Sí, han mandado recursos pero aún así es poco. No alcanza. El problema es que la gente dice que se apoya a puro barrio pero no a la cabecera”, afirma el munícipe.

Si bien el recurso es “insuficiente”, el acceso a la localidad está engalanada con una cancha de futbol rápido con pasto sintético así como con una enorme galera de usos múltiples.

En contraste desde esa loma se aprecian los cuartitos de 3.80 metros cuadrados, viviendas construidas a través del Fondo de Aportaciones para la Infraestructura Social (Fais) para quienes habitan en mayor rezago.

 

Como mejoralitos, casitas de material construidas por con recursos del Fais. FOTO: Mario Jiménez Leyva

 

Pobreza sin fin

Una de las beneficiarias del programa es Lourdes Angelina Méndez Ramírez, quien en 2016 fue declarada por Oxfam México la mujer más pobre del país. En aquél año, la historia de la mujer exhibió a nivel mundial la miseria en la que se vive en localidades de Oaxaca.

Un año después, salvo la casa de material que recibió, ella continúan sumida en la pobreza extrema, sobreviviendo con el poco dinero que junta en la elaboración de sombrero y la siembra de autoconsumo.

 

La vivienda, único patrimonio de Angelina. FOTO: Mario Jiménez Leyva

 

- Dice que sigue vendiendo sombreros, los vende hasta Huajuapam (ciudad ubicada a dos horas de distancia) Los están pagando a cinco pesos por sombrero. Tiene que juntar 25 sombreros para comprar 10 kilos de maíz - traduce el regidor. Angelina sólo habla su lengua madre: el mixteco.

- ¿No la ayudaron después de que se conoció su historia. No la inscribieron a Prospera?

- Dice que ya dio su nombre pero está esperando a que salga en el padrón. Dice que ya estuvo y la dieron de baja, que no sabe por qué. Le dieron un apoyo de 200 pesos cada dos meses, luego la dieron de baja.

Fuera del padrón, el hijo de Angelina, del cual ella misma desconoce la edad, abandonó la escuela. Los integrantes del comité de padres de familia de la primaria Enrique Rébsamen aseguran que la mujer se ha negado a mandarlo otra vez.

 

Pupitres vacíos, la ausencia ocasionada por la pobreza extrema. FOTO: Mario Jiménez Leyva

 

El plantel está inscrito en el programa de Escuelas de Tiempo Completo, a través de éste muchos reciben el único alimento del día, así como útiles escolares y cuadernos.

El plantel sólo cuenta con dos salones multigrado. La asistencia es baja. Los indicadores de la Sedesol señalan que en Zahuatlán el 25.29 por ciento de la población de 5 a 14 años no va a la escuela.

 

Coser balones, tejer sombreros

Los ojos de Angelina se achican como si quisiera exprimirlos, los aprieta en el esfuerzo de quien quiere ver los ojos a una hormiga. Por fin logra ensartar la aguja en el agujero marcado sobre el vinil que, al unirse en todas sus piezas, será un balón Garcis.

La acción la repite, una, dos, tres o cien veces, hasta dejar los dedos hinchados y tomar una pausa para hacer tortillas o lavar ropa. Aún regateando minutos al reloj, sólo logra hacer un balón completo y asegurarse 13 pesos para ella y su familia conformada por cuatro hijos, esposo y padres y un hermano con discapacidad.

 

Coser balones y tejer sombreros de palma, las únicas fuentes de empleo. FOTO: Mario Jiménez Leyva

 

“Esta es nuestra actividad. Si mucho hacemos dos balones al día y ahí ya son 26 pesos, pero si nos sale mal uno y se descose o tiene un defecto, nos cobran 80 pesos”, explica la mujer quien habita en Tierra Colorada.

Su madre teje la palma. Cada sombrero es vendido en cinco pesos. Al día realizan dos. Sumados con los 26 pesos de los balones, la familia sobrevive con un ingreso de 36 pesos al día.

La familia vive en una casa cuarteada por el sismo del 7 y 19 de septiembre, con el peligro agazapado en las paredes.