Santa María del Mar, Oaxaca olvidada en la desgracia

GIOVANNA MARTÍNEZGIOVANNA MARTÍNEZ

Su único medio de transporte son las lanchas, para poder obtener lo necesario para sobrevivir

La comunidad indígena ikoots llora sola su desgracia. Ni siquiera en estos momentos de tragedia que atraviesa el Istmo de Tehuantepec por el impacto del terremoto de 8.2 grados que resintió, pudo salir del aislamiento y el olvido en que se encuentra.

Los habitantes de Santa María del Mar, agencia municipal de Juchitán de Zaragoza, parecen estar condenados a la indolencia de quienes prometen ayuda para terminar con el conflicto agrario que enfrentan con San Mateo del Mar y a la fecha no cumplen.

Para llegar a esta comunidad hay dos vías: la terrestre, cuyo único camino de acceso está resguardado y cerrado de extremo a extremo por dos muros sujetos por una gran cadena de acero; y la vía marítima, cuyo riesgo es y será la gran preocupación de sus pobladores.

O bien por aire, que es la vía por donde el gobierno ha trasladado parte de la ayuda humanitaria esporádica que les brinda, un lujo al que los indígenas huaves difícilmente pueden acceder.

Habitantes de Santa Maria del Mar tienen que atravezar en lancha. FOTO: Giovanna Martínez

Diez años aislados

Rodeada de agua, al ubicarse en la barra que divide el Golfo de Tehuantepec y la Laguna Inferior, Santa María resultó afectada por el terremoto del pasado 7 de septiembre; incluso pensaron que la comunidad entera quedaría bajo el agua de darse un tsunami, pero su destino no estaba marcado aún.

Desde ese día, don Lucio espera que el gobierno no sólo los ayude con víveres para mitigar la desgracia, sino a terminar con el encierro, que literalmente, padecen desde hace casi una década.

Daños por sismo y conflicto agrario

Enfermedades como el dengue acechan a los pobladores, por el agua anegada en sus viviendas. FOTO: Giovanna Martínez

En esta pequeña isla habitan alrededor de dos mil habitantes indígenas ikoots; el sismo dañó casi el 10 % de la población; además de casas derruidas y cuarteadas, el mar entró a viviendas y las lluvias dejaron lagunas, que ya son un foco de infección.

La gente optó por retirarse de sus hogares y buscar refugio en la iglesia de la localidad, con vecinos cercanos o bien migrar hacia otras comunidades o a la ciudad de Oaxaca, ante el riesgo que implica vivir en esas condiciones.

Pero la situación de emergencia por los sismos, no es lo único que padecen. Desde el 2008, año en que detonó el conflicto agrario por mil 300 hectáreas de terrenos con sus vecinos de San Mateo del Mar, la agencia quedó en completo destierro, porque al no poder lograr un acuerdo con su contraparte, les cerraron el camino, les cortaron la energía eléctrica y el servicio de agua potable.

Mueren tres personas

A este conflicto, las autoridades sólo dan largas, los ignoran o simplemente se comprometen sin dar ninguna solución.

En enero pasado, cuando el traslado marítimo dejó al descubierto los riesgos a los que están sujetos luego de que se volcara una lancha con pasajeros y murieran tres, los habitantes presionaron al gobierno en turno a dar una solución al conflicto, pero en su lugar sólo les dieron lanchas más grandes para que siguieran comunicados.

Una semana después del sismo, hasta este lugar llegó el gobernador Alejandro Murat para refrendar el apoyo, pero evadió la petición de los habitantes de un nuevo camino.

Autoridad municipal los abandona

Santa María del Mar sobrevive entre el aislamiento y el olvido. FOTO: Giovanna Martínez

El secretario de la agencia, Juan Bartolo Jiménez, expresa que en la misma situación se encuentran con su presidenta municipal, Gloria Sánchez López, que aun mes del sismo ni siquiera los ha ido a visitar.

Además, no han recibido ningún tipo de ayuda de su parte; “se supone que Santa María es una agencia de Juchitán, pero para ella es como si no existiéramos”.

Este fin de semana, después de un mes, en la explanada municipal, elementos de la Sedena colocaron tiendas de campaña para dar refugio a quienes se quedaron sin casa. Y la ayuda fue enviada desde Canadá.

San Mateo condiciona el paso

Para poder pasar por el único camino que hay hacia la agencia, se tiene que solicitar permiso a la agencia Lagunas de Santa Cruz, perteneciente a San Mateo.

Antes de cruzar, las autoridades buscan persuadir a los viajeros de los peligros que puede haber en el camino; “están armados y los pueden matar”, dice un policía.

Juan Bartolo, secretario de Santa María, señaló que sus vecinos condicionan el traslado de la ayuda humanitaria a esta agencia a cambio de que en San Mateo, en Lagunas de Santa Cruz, se les deje la mitad de lo que llevan, incluso cobran cuotas.

“Si nos traen 100 despensas, 50 se tienen que quedar en la comunidad vecina; pero no es sólo eso, también han trozado parte de un puente para que los carros ya no lleguen”.

"Los más jodidos"

Rosa Mateus Regena sobrevive con lo poco que rescató de su vivienda. FOTO: Giovanna Martínez

En la casa de Leonel Ramírez se aprecian los estragos de una inundación. El sismo cuarteó la estructura, pero el agua de mar y las lluvias que la invadieron, terminaron por dejarla inhabitable.

“Todo aquí se llenó de agua; ahora que ya bajó un poco ya no podemos vivir, tuvimos que irnos para la iglesia”, detalla Leonel.

El hombre de 50 años, dice: “Me quedé solo, mi mujer se fue para Oaxaca con mis hijos que estudian allá, por miedo; porque no deja de temblar y porque prácticamente no tenemos casa”.

En cambio, don Leonel tuvo que quedarse en Santa María para esperar alguna información de la ayuda que se les va a proporcionar para reponer en lo que se pueda su pérdida material, pero es la hora en que desconocen la fecha para recibir monederos electrónicos con recursos.

Para él es casi una burla el hecho de que les den “tarjetas electrónicas”, puesto que en la comunidad no hay energía eléctrica, mucho menos un cajero automático; “como siempre, los de Santa María somos los más jodidos”.

En condiciones similares vive Rosalba Mateus Regena, cuya vivienda y terreno resultó anegado de agua por las intensas lluvias que se presentaron. Ella, su esposo y tres hijas, viven frente a una laguna verde llena de mosquitos.

“Mi hija de 8 años acaba de enfermar de dengue; pero mientras no baje el agua, pues aquí vamos a estar porque no hay a dónde ir”.

Aquí, las mujeres se dedican al hogar o bien a realizar artesanías una vez que terminan la secundaria; mientras, los hombres se dedican a la pesca; “hasta la forma de ganar sustento es difícil aquí, donde nos pega la ignorancia del gobierno”, reclama la mujer.

Doña Rosalba señala que lo más urgente que necesitan en Santa María en estos momentos es fumigaciones para evitar la proliferación de mosquitos. “Necesitamos ayuda, todo lo que sea posible, porque estamos muy cerca del mal y muy lejos de nuestras autoridades”.