DACA, un privilegio para los migrantes ilegales sin derechos

Monserrat ha vivido once años en Estados Unidos. Ella es una dreamer oaxaqueña.

Que su hija Monserrat y su hijo Josué sean útiles para Estados Unidos, es la esperanza a la que Alfredo Santiago se aferra para que no pierdan los beneficios del Programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA por sus siglas en inglés), al que se acogieron en el año 2013.

Él, un mexicano que desde 2002 reside de manera ilegal en Estados Unidos no tiene miedo de ser deportado. Respetar el sistema de ese país que lo convirtió en “manejador de una cadena de restaurantes”, ha sido su clave.

Conocer sus derechos, incluso en un país que se los niega, también. Ese mismo respeto se lo ha inculcado a su esposa Carolina Morales y a ambos hijos desde 2006, cuando “lo lanzaron” a un país del que todo les era ajeno: las costumbres, la lengua, la comida.

Las afectaciones que el Huracán Paulina dejó en los campos de Buena Vista, en San Agustín Loxicha, en octubre de 1997, hicieron que Alfredo migrara a la ciudad de Oaxaca para trabajar en una empresa embotelladora, pero irse junto con su hermano menor a la Ciudad de Fresno, California, fue la mejor opción.

La helada en esa zona hizo que el trabajo en el campo escaseara y se mudó al condado de Riverside, donde logró reunir a su familia. “Monserrat tenía 11 años, Josué de 9”, recuerda del otro lado del teléfono. “Estar juntos” en vez de separados, fue el motivo.

La decisión fue a tiempo, “llegan justo antes del inicio del ciclo escolar”. El temor y angustia de ese cambio de residencia, pero sobre todo el desconocimiento del idioma fueron preocupaciones que toda la familia fue desvaneciendo. Al año siguiente Monserrat y Josué demostraron su nivel de escritura y pronunciación.

Cinco años después, cuando el expresidente Barack Obama anunció un programa migratorio para los jóvenes ilegales conocido como DACA, Alfredo y Carolina descubrieron que sus hijos reunían los requisitos, “aunque eran muchos”. Cuando el Departamento de Seguridad de Estados Unidos los llamó en 2013 para tomarles las huellas y su fotografía, “salieron de la sombra a la luz”.

No pueden salir del país y volver a entrar pero sí recibieron una tarjeta de seguridad social y una beca para poder estudiar. Ahora Monserrat tiene 22 años y estudia enfermería. Su hermano Josué tiene 20 y estudia lo mismo pero para ayudante dental. Ambos en The American College, en el campus de Ontario California.

En 2015 renovaron por primera vez su DACA y recién en 2017 lo volverán a hacer. En marzo de 2019 repetirían el mismo procedimiento. La decisión del actual presidente Donald Trump de dar un plazo de seis meses al Congreso estadounidense para que defina en torno a este programa migratorio, no les causa temor.

“Es un programa, no es una Ley  y hay dreamers (soñadores en inglés, como se conoce a los hijos de residentes ilegales en Estados Unidos que llegaron en la infancia), que tuvieron ese beneficio, pero al año siguiente dejaron de estudiar, delinquieron, participaron en pandillas, robando, cometiendo diferentes delitos, ya están como fichados esas van a ser deportadas porque para el gobierno no tiene ningún beneficio para el país”, opina Alfredo.

El anuncio que este martes hico Trump de poner fin al DACA y desamparar a 800 mil inmigrantes, es un anuncio que para Alfredo “ya se veía venir”, pero no les repercute porque sus hijos“están bien, están estudiando, trabajando, no van a tener ningún problema porque son útiles” a un país, cuyo orden han aprendido a respetar.

El retornos de dreamers se dará hasta el 2018

Para la directora del Instituto Oaxaqueño de Atención al Migrante, Aída Ruiz, será hasta el 2018 cuando se empiecen a retornar a Oaxaca los jóvenes que siendo infantes migraron sin documentos a Estados Unidos, ante el fin del Programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA).

Una vez que el presidente Donald Trump anunció este martes que no se aceptarán nuevas solicitudes, Aída Ruiz precisa que como los permisos de trabajo y DACA que expiren entre el 6 de septiembre y el 5 de marzo deben renovarse antes del 5 de octubre de 2017, “los que expiran en 2018 o 2019 no tienen ningún problemas”.

Por eso no se verá aún las repatriaciones, aunque no sé cuenta con una estadística de los soñadores oaxaqueños, sólo que de los 622 mil 170 dreamers de origen mexicano, principalmente de Oaxaca, Guerrero, Michoacán y Puebla, sin que se tenga una cifra exacta, incluso por las organizaciones sociales de Estados Unidos.

“Tenemos el total porque la publicó el Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos, pero nadie tiene una cifra de cuántos son de Oaxaca”. Otra dato que es difícil saber es cuándo van a regresar “porque todos tienen una diferente fecha del DACA”.