Hasta pronto, Guelaguetza

EMILIO MORALES PACHECOEMILIO MORALES PACHECO

Miles disfrutaron de la fiesta

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Luces y color

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Una delicia de tradición

Caminar las empinadas escalinatas, envolverse en los olores de las empandas de amarillo, verde, las quesadillas de flor de calabaza, el tejate para calmar el calor, son parte del preámbulo que se ha convertido casi en un ritual para quienes ascienden al cerro del Fortín para ser parte de la Guelaguetza.

Un año más que se va, un nuevo recuerdo que se incrusta en la memoria de nuestro estado que mostró su riqueza cultural, además de un fragmento de las tradiciones que se transforman en cada una de las comunidades, de la sierra a la costa, de los paisajes áridos de la Mixteca al verde esmeralda de la Cuenca.

Imponente, el Auditorio Guelaguetza. FOTO: Emilio Morales

Ayer los oaxaqueños despidieron a la fiesta más importante del estado, en la que se vuelca toda la alegría de una tierra inmarcesible a pesar de los conflicto y a pesar de los pesares.

La ciudad se rindió a los pies del Dios Nunca Muere, de la melancolía de la Canción Mixteca y la picardía de los sones, la solemnidad de los istmeños, el arrebato de los ejutecos, el misticismo de los serranos.

Así se despidió la máxima fiesta de los oaxqueños FOTO: Emilio Morales

El paseo de la Azucena estuvo plagado de sonrisas y Guelaguetza, de ese intercambio cultural que pervive en el jolgorio que encanta y esa alegría que contagia.