VIDEO| Melodías y sueños: Dúo Zapocelta de Oaxaca

GIOVANNA MARTÍNEZGIOVANNA MARTÍNEZ

En el andador turístico Macedonio Alcalá, sorprenden con sus interpretaciones.

Con melodías que llegan al alma, Max y Sam conquistan los corazones de propios y extraños, quienes al caminar por el andador turístico, en la calle Macedonio Alcalá, en el centro de Oaxaca, se detienen a escuchar sus interpretaciones musicales.

Dúo Zapocelta -como se nombraron- hizo de su gusto por la música, su sustento; a cuatro años de haberse conocido, hoy el acordeonista y el violinista conjugan sus habilidades y gustos por las composiciones clásicas y de artistas oaxaqueños.

Antes del que el sol marque el mediodía, los músicos usan a manera de bote, un estuche del violín abierto, para recibir las cooperaciones que los oaxaqueños y turistas les regalan por su arte, mientras ellos interpretan melodías como “El feo”, “La Sandunga”, “Sones y jarabes mixes”, entre otras.

Debido a su éxito, el trabajo ha llamado a su puerta y comparten su talento en diferentes escenarios; a pesar de esto, la calle es su escaparate más preciado, donde el aplauso del público espontáneo no tiene comparación.

¿Coincidencia o destino?

Oaxaqueños y turistas admiran a los músicos talentosos. FOTO: Giovanna Martínez

Los Zapocelta cuentan que libraron la barrera del lenguaje y dejaron que fueran sus instrumentos los que se comunicaran; “cuando nos conocimos descubrimos algo en común para nosotros, la música; platicamos que al principio fue difícil comunicarme con él (Max), porque yo no sabía español, entonces así fuimos poco a poco creciendo”, dice Samuel Patrick, de 38 años de edad.

Sam, como lo conocen sus amigos, con voz pausada, busca las palabras correctas para expresarse y asegura que no quiere regresar a Inglaterra de donde es originario, pues se enamoró de Oaxaca, de su clima, su comida y la gente.

“La música oaxaqueña me gusta, cuando llegué yo no sabía nada de ella, Max tocaba muy bien, yo intenté improvisar algo acompañándolo, el internet me ayudó a aprender y acá estamos”.

Maximiliano Cruz Pérez, de 34 años “Max”, es el acordeonista, tiene 17 años radicando en la ciudad en donde renta un espacio junto con su esposa; es originario de Santa María Josaa, en el municipio de Ixtlán de Juárez y perdió la vista hace algunos años.

“Poco a poco me acostumbré a andar solo, porque no puedo estar siempre con el apoyo de mi familia, busqué una forma para ubicarme, pues era difícil que me acompañaran”, señala.

Debido a que el acordeón tiene un peso de más de cuatro kilos, Max no puede estar cargando mucho tiempo su instrumento, por lo que después de tres horas de música, se va a descansar y en la tarde tiene otra jornada de trabajo.

Las “tocadas”, sustento económico

Los músicos ensayan a diario y tocar es su pasión; mejorar su técnica, su objetivo; consideran que si no lo hacen bien, perderán posibles opciones de trabajo.

“Gracias a las personas que nos dan trabajo, que reconocen lo que estamos haciendo, seguimos en el gusto de nuestros seguidores”, expresa Max.

Su pasión puede llevarlos incluso a conocer otros estados o países, por eso no pierden la esperanza de que su talento pueda atravesar fronteras.

“Hoy ya no veo, antes sólo era débil visual, pero eso no me ha impedido tener un sueño y seguir en él”, dice Max, sonriente.

Ambos han logrado grabar un primer disco titulado “Viento del Alcalá” que contiene 10 temas de música tradicional oaxaqueña y clásica; desean que este sea el primero de muchos discos más, que contengan su sello a través del violín y el acordeón.