Azota la sequía a San Felipe Apóstol

LA MIGRACIÓN, OTRO FLAGELO
CARLOS ROMÁN VELASCOCARLOS ROMÁN VELASCO

Ante la migración, las mujeres trabajan en el campo.

Los enormes campos secos de la comunidad.

CARLOS ROMÁN VELASCOCARLOS ROMÁN VELASCO

Don Job Manuel Juárez recuerda los años de gloria de la caña.

CARLOS ROMÁN VELASCOCARLOS ROMÁN VELASCO

Sólo los ancianos caminan por las calles.

SAN FELIPE APÓSTOL, Ocotlán, Oax.- Hasta hace unos 25 años, esta comunidad, junto con otras aledañas, era una de las principales productoras de caña de azúcar del Valle de Ocotlán, hasta que la alcanzó la sequía.

Tan grande era la cosecha, que alcanzaba para suministrar a diferentes trapiches de la zona y hasta para vender a tequileros de Jalisco, quienes llegaban a comprar directamente una parte de la recolección.
La decadencia comenzó en la década de los 90, cuando la lluvia se empezó a ir y los arroyos se empezaron a secar.

 

Las consecuencias de la migración: una comunidad sola. FOTO: Carlos Román Velasco
 

Enormes campos secos

En la actualidad, solamente quedan unas cuantas pequeñas parcelas sembradas con caña de azúcar, que se confunden con los grandes carrizales que aparecen por todos lados en la comunidad.

Aunque el estiaje también causó el ocaso de casi todo lo que se siembra en el campo y como consecuencia, llegó la migración hacia los Estados Unidos.

Enormes campos secos, llenos de hierba y calles solitarias, donde algunos ancianos aparecen de vez en cuando, son muestra del presente de esta comunidad.

“N’ombre, antes se sembraba mucha caña; ahora, eso ya quedó en el olvido”, dijo don Daniel Aragón López, un campesino de 78 años de edad, quien se dedicó por años a ese cultivo.
 

La época de oro

Según cuentan en la comunidad, la caña de azúcar se comenzó a sembrar en la época de las haciendas durante el porfiriato, aunque el mayor auge se registró entre los años 60 y 70.
“Era tanta la producción que los tequileros de Jalisco llegaban hasta acá a comprar; se llevaban por toneladas en tráileres”, contó.

 

Mucha gente se ha ido a los Estados Unidos, el campo ya no da; la situación está difícil para mantener a la familia. Pero, a pesar de que casi ya no llueve, uno sigue en el campo porque no hay de otra. Por eso, es que nuestros paisanos se van; la vida es dura, difícil por aquí. Esa fue la razón de que una de mis hijas migró hace 11 años a California

Reginaldo Félix López Juárez
campesino, de 53 años de edad.

Don Reginaldo Félix López y su apuesta al maíz, a pesar de la falta de lluvia. FOTO: Carlos Román Velasco

 

Aunque también la producción se entregaba a los 13 trapiches que existían en San Pedro Apóstol y en comunidades de los alrededores, donde se elaboraba la panela.
“Hubo muchísima caña; fue tanta, que tuvimos que formar una unión de productores, para después comprar un trapiche en Córdoba (Veracruz), para no vender tan barato en San Pedro y tener más ganancias”, apuntó.
 

Trece trapiches

Los 13 trapiches de la zona también daban trabajo a quien se quería emplear y hasta otorgaban buenas remuneraciones. “Había trabajo para todos, había trabajo para los viejitos como yo, volteando el bagazo para hacer el combustible que se le echaba al horno en la cocida de la panela”, asentó.

Pero llegó el día en que las lluvias se empezaron a alejar y ahí vino la caída, porque así, de forma natural, se regaban los cultivos.
“Nomás dejó de llover y comenzó a venirse abajo; los arroyos también empezaron a secarse. Y sin riego, pues no hay nada”, señaló.

La sequía en el campo, que también ha afectado la siembra de maíz, el principal alimento en la comunidad, originó finalmente la migración a los Estados Unidos.
“Mejor nuestros paisanos prefirieron irse para allá porque ahí tienen trabajo y se gana en dólares; aquí no hay nada, más de medio pueblo se ha ido”, terminó.