Agoniza el Atoyac: río de vida que arrastra muerte

EMILIO MORALESEMILIO MORALES

El lecho del río es utilizado como tiradero a cielo abierto.

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Escombros y animales muertos incrementan la contaminación.

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Los anuncios que prohíben contaminar el río son completamente ignorados.

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El río también sirve como guarida de delincuentes.

Sobre la ribera se extiende una montaña pestilente de basura que gotea hacia el cauce de aguas negras. Alrededor husmean hambrientos un par de perros famélicos. El calor del mediodía eleva vapores nauseabundos de las aguas residuales que corren sobre el lecho en donde una vez hubo un río.

“Aquí es todo, menos lo que fue”. Saturnino lo dice con conocimiento de causa. Durante muchos años ha vivido en la Pintores, colonia cercana a lo que hoy es uno de los ríos más contaminados del país, el río Atoyac.

El río es como una herida que cruza Oaxaca. Una llaga que supura aguas negras vertidas por litros. Es guarida de delincuentes. Foco de infección. Basurero.

Saturnino afirma que del río Atoyac sólo queda el recuerdo. FOTO: Emilio Morales

Entre los carrizos que nacen victoriosos del suelo contaminado, un par de personas se asoma con recelo. Se sienten invadidos en la guarida que utilizan para consumir alcohol. Unos metros más adelante, otros hombres cargan un volteo con arena arrancada a palazos.

A lo largo de la ribera, manchones negros hablan de la utilización de este espacio para la quema de basura.

“Lo que fue un río, hoy es uno de los lugares más insalubres y peligrosos. Aquí, además de que corre agua sucia, es utilizado por los malvivientes para cometer delitos. El paso es muy peligroso de noche y sobre todo para las mujeres. Cruzar el río es exponerse a todo”, señala Saturnino.

Río tóxico

El río Atoyac pasó de ser el más importante caudal al más tóxico de los cauces. FOTO: Emilio Morales

Un estudio publicado por el Tribunal Latinoamericano del Agua en octubre de 2016, señala cuatro causas principales de la afectación al río Atoyac: la extracción exagerada de agua superficial para uso municipal y de riego; las aguas residuales de las cabeceras municipales y otras localidades mayores a 2 mil 500 habitantes; el vertido de afluentes industriales de empresas ubicadas sobre el lecho del río o cercanas a éste que liberan sus residuos líquidos sin tratamiento previo.

De acuerdo con una denuncia de Greenpeace formulada en 2014, el 78 por ciento de la industria asentada en la cuenca del Atoyac no cumplió con lo establecido en la NOM-001 para metales pesados en el agua, y 74 por ciento de las industrias presentó niveles de toxicidad altos, además de la actividad no regulada de empresas que extraen material pétreo del lecho del río.

En las últimas décadas, el nivel de contaminación del río se ha elevado de tal manera que la organización ambientalista Greenpeace lo ubicó como un río tóxico.

El origen

Con base en documentos del Archivo Histórico de Oaxaca, las investigadoras Stella Camargo y Lupita Murguía señalan que el afluente del Atoyac nace en el cerro La Tembladera, de San Sebastián Sedas, agencia de Telixtlahuaca, municipio por el que cruza, pero metros más adelante es contaminado por las aguas residuales que son vertidas al cauce.

A lo largo de 36 kilómetros de su paso por la capital, cruza 27 municipios del distrito de Etla, 19 más del Centro y otros tantos de Zaachila y Zimatlán, para internarse en la Sierra Sur hasta unirse al río Verde y llegar a la Costa.

Grave diagnóstico

18 ríos componen el sistema general hidrológico de Oaxaca

12 presentan un grado mediano de contaminación

78% de las industrias asentadas en la cuenca del Atoyac no cumplió lo establecido en la norma NOM-001 para metales pesados en el agua

En el valle de Etla continúa por Huitzo, sigue por Suchilquitongo, cruza Etla, Zautla, Tejalápam, Santiago, Cacaotepec, entre otros, hasta ingresar a la capital por San Pablo y la agencia de Pueblo Nuevo.

De acuerdo con las historiadoras, en la capital, originalmente llegaba cerca del templo de San Juan de Dios, en la calle de 20 de Noviembre y Aldama, a metros del centro, pero fue desviado por los españoles, debido a que no concordaba con los planes de urbanización.

De ahí se sigue hacia el sur, pasando por los municipios de Santa Cruz Xoxocotlán, Santa María y San Bartolo Coyotepec y más hacia las montañas, hasta cruzar por Paso Ancho, Sola de Vega, donde se pretendía construir una presa y traer el vital líquido hacia la capital.

Aguas negras de muerte

Las aguas negras emanan vapores que son dañinos para el ser humano. FOTO: Emilio Morales

Sobre toda esta ruta, el agua que décadas atrás era cristalina, sólo corre agua negra que lleva muerte.

Los ríos Atoyac, Río Salado y Papaloapan están entre los que el Instituto de la Naturaleza (Inso), tiene catalogados entre los más contaminados de Oaxaca.

Descargas residuales, agroquímicos y desechos humanos contaminan los afluentes llevándolos casi al exterminio.

El mismo informe del Tribunal Latinoamericano del Agua afirma que las altas concentraciones de bacterias coliformes fecales convierten al río Atoyac en una fuente de transmisión de enfermedades como gastroenteritis, diarrea, infecciones estomacales, renales, de la piel y los tejidos conjuntivos.

De acuerdo con el INSO, el río de la Cuenca del Papaloapan es uno de los que experimenta muchos problemas de contaminación por descarga de residuos industriales; respecto al Atoyac y el Salado, la contaminación que padecen es básicamente por desechos humanos.

En cuando al río Verde -en su parte baja- la suciedad es por el uso excesivo de agroquímicos.

Daños al medio ambiente

El más grande foco de infección de Oaxaca. FOTO: Emilio Morales

Los elementos nocivos que arrastran los caudales generan graves alteraciones en los ecosistemas, pues la mayor parte de sus afluentes desembocan en el mar.

De acuerdo con la norma oficial y la Ley General de Aguas Superficiales, la CNA es la dependencia que debería encargarse de sancionar a los contaminadores y dar solución al grave problema que implica la contaminación de los ríos.

Sin embargo, las autoridades encargadas, como las comisiones Nacional del Agua (CNA) y Estatal del Agua (CEA), no asumen su responsabilidad para resolver el grave daño ecológico causado a los afluentes.