Casilda Flores y su legado saltan a los ojos de la moda

La revista Vogue, una de las más importantes en el mundo de la moda a nivel internacional, publicó un artículo titulado “Deslumbrante tradición folclórica de trajes y bailes está viva en la ciudad de Oaxaca”, con motivo de la proximidad de la Guelaguetza.

En este artículo, Rebecca Bengal nos habla de las Chinas Oaxaqueñas, de cómo Viviana Mateos, nieta de Casilda Flores (fundadora del grupo de las Chinas Oaxaqueñas de Casilda), se prepara junto con su hija para participar en los convites y calendas previos a los Lunes del Cerro.

Vogue describe con intensa vividez la alegría de las calendas, y las actividades que son parte de las mismas, como compartir bebidas y comida típica de cada región, así como el desfile y baile en las calles del centro histórico que se vuelve crisol de la cultura de todo un estado. Leyendas, cuentos e historias son parte de este artículo publicado el 22 de junio de 2016 en su plataforma digital.

Artículo completo:

En una reciente tarde de lunes en la Ciudad de Oaxaca, México, una peculiar neblina se asentaba sobre la Sierra Madre. En la parte más tranquila y desierta del pueblo, el único ruido en el aire tiene una sensación de tranquilidad. Banderas son colgadas en las calles empedradas, ondean vaporosa y lentamente; la campana de la iglesia suena la hora, los pájaros cantan. En un patio, rodeado de macetas y cactus, Viviana Mateos Morales se está preparando. Se enrolla una cinta dorada gruesa en su cabello, antes de trenzar una cinta naranja tan brillante como una botella de Fanta en el cabello de su joven hija Camila. Están vestidas discretamente con blusas bolillo bordadas y enaguas, a la que luego le agregaran faldas largas adornadas con encaje almidonado. Viviana en color azul, el color de una cinta premiada, Camila en una verde lima. Es un ritual que se repite muchas veces en el transcurso del verano, un ritual que se repite desde hace casi 75 años, una expresión de espíritu vivo de la cultura nativa en la Oaxaca moderna.

En México, cerca del 20% de la población es de origen indígena; pero en Oaxaca, figura un porcentaje mayor al 50%. Oaxaca es la zona con mayor diversidad étnica del país; mayormente dominado por los grupos Zapotecas y Mixtecas, la región es hogar de una variedad de idiomas y culturas que preceden a la colonización española hace siglos. La danza folklorika es tan profundamente arraigada y geográficamente específica, a la vez que recolecta y reinterpreta las diversas influencias estilísticas y culturales a lo largo de los años.

 

Viviana y Camila son parte de las chinas oaxaqueñas, una de las ocho delegaciones de los danzantes folclóricos de Oaxaca, mujeres y niñas cuya actuación es una parte integral de las calendas, la celebración del santo patrón local, se realiza a menudo en el verano. También representan a su región a través de los bailes en la Guelaguetza, el mayor festival anual en Latinoamérica que comenzó hace siglos como un festival a la diosa del maíz.

En las calendas, acompañadas por la banda tocando trompetas, tambores, y la chirimía (instrumento de madera de viento),las Chinas Oaxaqueñas giran y bailan a través de la calle, con canastas decoradas con flores sobre sus cabezas. De acuerdo con una historia local, en el siglo XVII, un cargador de burro con pesados paquetes deambulaba sólo en el pueblo, cayó, y murió. En su equipaje,una bella estatua del santo fue descubierta, coronada en diamantes y envuelta en una cuerda de terciopelo. Se construyó una iglesia de inmediato para albergar la estatua, lo que provocó una especie de resurgimiento de la devoción a la Virgen de la Soledad, patrona de la ciudad de Oaxaca; su nombre que suena solitario, en agudo contraste con toda la alegre celebración, hay una celebración comunitaria en su honor.

Las calendas son como un grupo de viaje, el baile por si mismo te llama gritando y haciendo señas a la gente del pueblo para unirse al desfile. El destino final para esta peregrinación festiva es la iglesia, pero hay varias paradas a lo largo del camino, tanto músicos como danzantes paran para aceptar ofrendas locales o cosas para tomar y comer (medias tortas, tamales) antes de que, se unan a la colorida procesión. Al final, las Chinas Oaxaqueñas llevan a la población a bailar. La última calenda de la temporada termina con un deslumbrante espectáculo de fuegos artificiales.

Aunque la danza y los trajes se sienten atemporales, el grupo es relativamente joven: Casilda Flores, la abuela de Viviana, bisabuela de Camila, fundó las Chinas Oaxaqueñas en 1949. Durante su vida, Casilda popularizó la horchata, la bebida de arroz y almendra que ella le servía a los presidentes, papas, y la realeza, que también se vendía en su puesto de aguas frescas, cuya página web saluda a la mujer "de las enaguas y trenzas con cintas rojas , que calma la sed del viajero”.

 

A pesar de que no hay inmediatamente referencias chinas obvias en los trajes que los bailarines cosen, o en las joyas que llevan, las Chinas Oaxaqueñas conservan su enigmático nombre, que proviene del “Barrio de China”, un barrio que fue hogar de una gran población de trabajadores de las fábricas chinas y constructores en la mitad del siglo XX. Conocido en español como Chinas, enseñaron a los nativos oaxaqueños en sus barrios como hacer bordados de seda, y su legado permanece en los rebozos -el chal - bufandas que agregan cobertura brillante, pero comedido, para un doble propósito que es a la vez respetuoso y festivo .

Antes de la calenda, Viviana ata sus sandalias de cuero, hechas por artesanos locales, se pone otro trío de cintas a su conjunto y un par de pendientes. A pesar de que sus trajes se han mantenido sin cambio desde la época de su abuela, la joyería es personal para cada bailarín. Ella genera un destello brillante de los collares, crucifijos y cintas doradas; un rosetón que representa a la Virgen de la Soledad. Los rebozos de seda, desgastados como los baberos al aire libre, transforman a los bailarines en los fieles, y de vuelta a los juerguistas. “Con este rebozo”, dice Viviana, “cuando vamos dentro de la iglesia y rezamos, nos lo ponemos en lo alto de la cabeza. Estamos así durante toda la ceremonia y después, cuando salimos, lo ponemos de nuevo en su lugar para que podamos llevar las canastas en la cabeza y empezar a bailar de nuevo.”