Hartazgo contra los partidos, causa de protesta en Oaxaca

MANUEL GARZA ZEPEDA, SOCIOLOGO

Manuel Garza Zepeda, doctor en Sociología.

Oaxaca.- El movimiento social que vive Oaxaca va más allá de la reforma educativa a la que se opone la Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE). En el fondo tiene que ver con un hartazgo social contra los partidos políticos y sus actores, “porque uno puede votar por uno o por otro y no cambia absolutamente nada,”, afirma el doctor en Sociología, Manuel Garza Zepeda.

En su estrecho cubículo del Instituto de Investigaciones Sociológicas de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (IISUABJO), subraya que más que expresarse este hartazgo en un movimiento organizado con fines definidos, “se expresa como rechazo, como protesta; como violencia, a veces.

“Pero el origen está en el hartazgo de decir: 'Sea el partido que sea, del color que sea, nuestras vidas no mejoran, no cambian; por el contrario: cada día están peor, sea el partido que sea”.

Desde su perspectiva, la inconformidad social que vive actualmente el estado está más relacionada con un proceso de expresión política de la sociedad, que no observa ninguna transformación política, social y económica en su beneficio, que con el movimiento gremial de los maestros, cuyo interés es derogar la reforma educativa.

El especialista en estudios de estructuras de poder y movimientos sociales, señala que si a esta situación se agregan los escándalos de corrupción y abusos de poder, “entonces es ya muy claro que sea el partido que sea, no va a resolver nuestros problemas y además; sea el que sea, porque aquí nadie se salva, va a estar envuelto en escándalos de corrupción”.

Explica que este hartazgo hace que en muchas localidades los inconformes rebasen a las autoridades formales y decidan tomar carreteras, como sucedió en Asunción Nochixtlán y otros municipios de la entidad.

Garza Zepeda apunta que la vida comunal está caracterizada por lazos de solidaridad, vínculos más estrechos, y eso es lo que los une y hace más fuertes: “El problema es que ellos no encuentran una salida a su inconformidad. Nosotros, por ejemplo, si vamos a votar por uno, por otro, por aquel, y no cambia nada, entonces ya no votamos; en las comunidades tienen más claro que su acción colectiva puede llevarlos a hacer cosas diferentes. Para ellos la salida no es dejar de votar, sino hacer otras cosas, no importa que se rebase a la autoridad”.

NUESTRAS VIDAS NO CAMBIAN; NO MEJORAN

“Pero en el fondo, esta forma de tratar de construir otras maneras de relacionarse, la violencia, el no votar, las manifestaciones; son todas distintas expresiones de algo muy concreto: una inconformidad porque nuestras vidas no cambian; no mejoran, pues”.

Resguardado por dos estantes de madera repletos de libros, manifiesta que otro elemento importante que se debe tomar en cuenta es la situación económica de las comunidades, “porque uno en la ciudad puede tener una esperanza de mejorar sus ingresos, pero en las localidades del interior del estado no; toda vez que la agricultura está prácticamente abandonada”.

“Además no sólo es decidir venir a la capital y obtener un empleo, es romper todo un esquema de vida: el sentido de la vida comunitaria. Parece que es muy fácil salir del campo para venir a la ciudad, pero no, porque aquí se vive de una manera totalmente diferente y los impactos cultural y social suelen ser muy difíciles”.

–¿Qué pasa en los movimientos sociales donde no hay un líder, un dirigente?

–Bueno, cuando un movimiento depende mucho de los liderazgos, en el momento en que le tumban al líder queda descabezado ¿no? ¿Entonces cómo enfrentan esto los movimientos? Pues tratando de tener dirigencias horizontales. No sé si esto que está ocurriendo en las comunidades oaxaqueñas es un movimiento descentralizado, en el 2006 teníamos a los 60 mil maestros aquí ahora no, el movimiento está en las comunidades. No sé si responda a esta tendencia de la descentralización, es muy prematuro para afirmarlo.

–¿Y qué va a pasar en Oaxaca?

–Es muy difícil predecirlo, porque hay un problema con el poder, con el Gobierno; porque si es difícil que escuche, es más difícil que tome decisiones presionado, ya que si mañana sale el secretario de Gobernación con que darán marcha atrás a la reforma educativa manda un mensaje que se interpreta de debilidad, lo que es peligroso para el poder porque entonces los demás entienden que esa es la vía. Yo creo que muy difícilmente van a echar atrás la reforma educativa, no sólo por esto, sino porque también están convencidos en el Gobierno de que el problema es el magisterio y de que así hay que resolverlo.

Lo es que es evidente es que el Gobierno necesita bajar la presión.

–¿Pero subsistiría el movimiento en las comunidades?

–Bueno, los movimientos comunitarios siempre se mantienen. Lo mismo pasó en el 2006. El magisterio llegó a una negociación y se hizo a un lado, lo que es comprensible porque tenía sus demandas y las obtuvo; pero siempre hay algo que queda y desde entonces se quedó mucha insatisfacción de la gente, que aparentemente se disolvió, pero ahora vemos que no. En todas las luchas siempre hay algo que pqrece haberse diluido, pero que está ahí como subterráneo y surge cuando hay una chispa, de pronto hay una oportunidad y pumm sale todo eso, que no creo la movilización magisterial sino vieron el momento para salir a la superficie, pero ahí están. Ése es el problema, que cuando aparentemente hay mucha pasividad, mucha tranquilidad, conformidad, en realidad por abajo está una brasita que no se apaga, y que cuando viene un vientecito, ¡puumm!.