Una joya entre muchas y un canalla

Adiós, Mariquita linda,

ya me voy porque tú ya no me quieres

como yo te quiero a ti

Marcos A. Jiménez

En la historia de la música existen composiciones que son consideradas joyas. Hace unos días, reflexionaba sobre lo ingrato que he sido con quienes realizaron las canciones que desde niño me han hecho disfrutar gratos y tristes momentos.

Tengo la fortuna de haber nacido en un país rico por donde quieran verlo; su historia, cultura, recursos naturales, comida, música, creo que la lista es infinita. Mientras escribía lo anterior, recordé los inapropiados comentarios de Jorge Germán Castañeda Gutman, y aunque la nota trata de una joya musical, no pude evitar el enojo que me produjo recordar a tan desagradable ser humano. Castañeda se refirió a uno de nuestros poblados de manera irrespetuosa, y como decían nuestros abuelos, se tendría que quitar el sombrero antes de nombrarlo. Él es ejemplo de que los títulos universitarios y cargos públicos que ocupó, no son significado de decencia y que la estupidez aparente sólo oculta lo canalla que puede ser un individuo.

Pero bueno, después de mi momento de desahogo, pasemos a la canción que compuso Marcos Augusto Jiménez Sotelo, oriundo de Tacámbaro, Michoacán, nacido el primero de septiembre de 1882, quien tres años antes de que estallara la Revolución Mexicana, viajó a la ciudad de México con la finalidad de perfeccionar sus conocimientos musicales. La necesidad lo llevó a trabajar en un periódico como pagador y reportero; finalmente no pudo ingresar al Conservatorio Nacional de Música, así que se convirtió en autodidacta. Falleció el 26 de junio de 1944, tres años después de regresar a su ciudad natal a consecuencia de una afección cardiaca.

“Adiós Mariquita linda” ha sido traducida al inglés, italiano y francés e interpretada por distintos cantantes. En 1925 fue interpretada por 20 mil niños reunidos en el Estadio de la Ciudad de México.

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