Merced Ramírez Gómez: el talento a través de la dulzura

Platicar con la talentosa artista plástica Merced Ramírez, es caminar por un sendero de mariposas, flores, hadas, niñas, alegorías e imágenes llenas de magia, que la autora nos regala en cada una de sus obras; cada imagen nos permite adentrarnos a la fuente de nuestros sentimientos e incluso de nuestros pensamientos, para llegar al hechizo de la inocencia sin el propósito de dar una explicación, sino solamente dejarnos guiar para sentir las verdaderas raíces, y ser capaces de vivir una relación de dulzura con nuestra alma.

Su nombre, nos comenta, se lo pone su mamá por una promesa a la Virgen de la Merced, y a partir de ahí empieza su historia…

Nace en Oaxaca, de padres costeños, fue una niña tímida, solitaria y callada, cualidades que le ayudaron a desarrollar su extrema sensibilidad para transformar sensaciones y emociones, pues su principal característica era el silencio y la observación, con esa increíble capacidad de transformar momentos y sucesos que marcaron su infancia en historias mágicas.

Enamorada de la naturaleza

Enamorada eterna de la naturaleza, cuyos colores la atraparon y siguen en su imaginación, para ahora plasmarlos en sus obras; teniendo 5 años de edad muere su padre, pero lejos de sumirla, tomó como real que él, era parte del firmamento, pasando horas buscándolo en el cielo, y así, en los silencios de su madre, y el concepto incomprensible de la muerte, la llevaron a crear un sinfín de escenarios y paisajes sin dolor y llenos de magia, solamente con los sonidos de la naturaleza que la hacían feliz.

En su adolescencia, aún enfrascada en su timidez, hizo de la lectura su mejor compañía, estudió la licenciatura en Diseño Gráfico, pero en el quinto semestre otro suceso doloroso marca su vida; la muerte de su pequeño sobrino y la pérdida de un noviazgo la hacen caer en una profunda depresión y por consejo de su terapeuta la impulsa a exponer.

Durante su licenciatura tiene como maestro al reconocido pintor Tomás Pineda, quien la influye enormemente en su amor al arte; sus técnicas y su visión, dejan una imborrable huella en su mundo pictórico y que junto con su resilencia la impulsan a vivir esta maravillosa carrera.

Su primera exposición fue en la Casa de la Cultura Jaime Sabines, y entre sucesos personales que  marcan la obra de todo artista plástico, los de Merced fueron varios, contrajo matrimonio, muere su madre, nace Diego su hijo, quien ha sido su maestro, pues en el CRIT Oaxaca, ella expone y ahí en ese lugar pasa la rehabilitación de Diego, quien gracias a su energía y entusiasmo logra superar varias barreras, como el hecho de poder caminar y sorprender a varios especialistas, superando todos los  diagnósticos médicos.

Matices de color

Parte de la inspiración de esta artista plástica es todo lo que ha vivido, sobre todo con su hijo, de situaciones que aparentemente no tenían solución, se volvieron su fortaleza y crecimiento, transformando el dolor y la ausencia en esperanza, la tristeza en color y formas y con su gran sensibilidad cambió la frialdad y serenidad en matices de azul, representando la luz y sombra de la noche, el calor, el sol, el cenit del atardecer en matices amarillos y naranjas, los sonidos, aleteos de mariposas e insectos, caídas de hojas y sonidos del viento, que en su movimiento dejan su presencia en la tela, el lenguaje del amor, plasmado en corazones humanos en intensos rojos, y flores blancas, pero sobre todo la presencia espiritual de un ser superior que la guía y que en cada obra transmite mensajes que cada espectador descifra al ver las obras concluidas.

Para Merced, la pintura representa su forma de vida, la manera en que cada día respira, palpita y vive. Por ello, su obra es totalmente representativa del arte surrealista, ya que ella plasma sus sueños, y así vive su vida, creando mejores escenarios, donde la naturaleza convive en un mundo etéreo, mariposas, hojas cayendo, aves que anidan en árboles que florecen a la vida, susurros espirituales, emociones que más que la visión, te atrapan el alma, ángeles que cuidan y acompañan esos momentos creativos para la artista, noches llenas de inspiración, ante el silencio de una ciudad en movimiento, a donde puede interiorizar todos sus pensamientos, utilizando todos los medios y técnicas que tenga a su alcance; a veces no le basta solo el óleo, acuarela, acrílico, gis pastel, tintas, sanguina, carboncillo, lápices, etcétera, y el uso de materiales como el papel, hojas de libros, cartón, revistas, madera, etcétera.

Todos estos materiales le dan toda esa amplitud para desarrollar su creatividad.

Y para ella luchar contra la adversidad ha sido cosa de todos los días, y que combina el hecho de ser maestra, madre, pintora, y ama de casa.

Luz de esperanza y fe

Hace un año celebró rodeada de grandes amigos, una hermosa e íntima celebración y  exposición individual; este año, al cumplir 22 años de exponer en público y aunque por la pandemia se cancelaron actividades de varios ámbitos, no pudo realizar esta exposición individual, que tendrá que esperar mejor momento para salir a la luz. Mientras tanto, sigue concibiendo varias series, algunas en papel y otras sobre tela.

Una artista no deja de crear y aún más en momentos difíciles como los que vivimos ahora, con esa luz de esperanza y fe, actualmente y desde hace siete años se dedica a la docencia en artes, en el instituto Ateneo de la Juventud y hace tres años para la Secretaría de Cultura y Artes de Oaxaca, dando también talleres en el Instituto Carls Rogers, y algunos talleres infantiles y juveniles sin fines de lucro, y por amor al arte, planeando ya algunas actividades que pronto sacará a la luz.

Mientras tanto y desde el confinamiento de su taller y su hogar, espera ansiosa el feliz retorno a sus actividades como docente y para exponer todas sus obras en las cuales ha estado trabajando.

De las exposiciones que ha tenido a través de su vida como artista plástica se necesitaría mucho espacio para mencionarlas, solo diré que ha expuesto en los lugares más significativos en nuestro estado, en la República mexicana y en el extranjero, poniendo muy en alto el nombre de Oaxaca.

Así nos despedimos de esta gran artista, cuyo sello característico es la dulzura dentro de sus obras y fuera de ellas, y aprendimos que la imaginación artística nos libera al entrar a nuestras experiencias, y recalcar la emoción y la crisis de significado.

"Para Merced, la pintura representa su forma de vida, la manera en que cada día respira, palpita y vive. Por ello, su obra es totalmente representativa del arte surrealista, ya que ella plasma sus sueños, y así vive su vida, creando mejores escenarios, donde la naturaleza convive en un mundo etéreo, mariposas, hojas cayendo, aves que anidan en árboles que florecen a la vida, susurros espirituales, emociones que más que la visión, te atrapan el alma".