El lector furtivo: Mientras escribo

Stephen King es un escritor estadounidense que ha sido llamado indistintamente “el amo del suspenso” y “el amo del terror”. Su carrera editorial es el ejemplo paradigmático de lo que entendemos por escritor de Best Sellers; por eso, al enterarme de la existencia de “Mientras escribo” (2000), el libro en el cual nos habla de su vida y su quehacer como escritor, quise saber lo que esta celebridad nos tenía que decir sobre la escritura, a pesar de nunca haber leído una novela suya.

¿Por qué sentí la curiosidad de acercarme esta obra? Si bien no he leído alguna de sus novelas, sí conozco muchas de sus historias, gracias a que varias de ellas han sido adaptadas al cine con bastante éxito; baste recordar títulos como: Carrie, El resplandor, Cujo, Christine, Cementerio de animales, Eso, Misery, Sueño de fuga y La milla verde, por contar los más exitosos. Stephen King, como dice Jay Parini en un artículo para The Guardian, “no es un escritor en el sentido habitual del término, él mismo es una industria”, que genera, según la revista Forbes, más de 50 millones de dólares al año.

Por supuesto, debemos tomar en cuenta que en los Estados Unidos hay una actividad editorial bastante productiva, gracias a un mundo de lectores que consume masivamente libros de narrativa con fines de entretenimiento, mientras que en México solamente los libros de autoayuda y de escándalos pueden competir en ventas contra los Best Sellers importados.

Una buena parte de este libro “Mientras escribo” es un recuento autobiográfico en el cual nos enteramos, por ejemplo, de que antes de su éxito, la carrera literaria de Stephen King consistía básicamente en escribir relatos para algunas revistas populares, en las que llegó a cobrar hasta 200 dólares por la publicación de uno de sus cuentos. Estas entradas extraordinarias servían para solventar algunos gastos que su modesto sueldo de profesor no le permitían, ya que sus finanzas, como padre de familia con esposa e hijos, siempre estaban al límite.

El autor nos cuenta que recibir el primer pago por “Carrie”, que escribió sobre las rodillas en el cuarto de lavado de su casa rodante, fue una verdadera bocanada de aire, pues de repente se vio con 100 mil dólares en el bolsillo; poco, si tomamos en cuenta que la empresa que le compró los derechos, se hizo por esta misma transacción de 300 mil y la editorial que publicó la novela hizo millones.

Cuando Stephen King nos habla acerca de la escritura, escuchamos la voz de un maestro en el sentido tradicional, ya que estudió la carrera de docente y la ejerció por muchos años. Entre las muchas cosas interesantes que nos dice del oficio, está la necesidad de un espacio, con una puerta que uno esté dispuesto a cerrar: “La puerta cerrada es una manera de decirles a los demás y a ti mismo que vas en serio, que te has comprometido con la literatura y tienes la intención de no quedarte en promesas”. Como muchos otros maestros de escritura, el autor norteamericano también piensa que si quieres ser un escritor, debes hacer “dos cosas por encima de todas las demás: leer mucho y escribir mucho”.