Barbarella

—Hola. ¿Me puedes decir si estoy en el planeta Tierra?

—Pues sí. Estamos en la Tierra. En la Habana, en el lobby del Edificio de la otrora Lonja del Comercio para ser más específicas. En una fiesta de graduados del Cepero, aunque no he visto todavía a nadie que conozca y eso que ya hay bastante gente…

—¿El Cepero?

—Sí, el bachillerato de la Víbora, promoción del 2003. Recibí una cita vía facebook. ¿Tú no? Estoy bien nerviosa, emocionada, qué se yo. ¿Será que van a reunirse varios preuniversitarios?

—Ah, ¿facebook?

—Bueno. Mi nombre es Barbarella, como el comic, la película y sí, claro, por supuesto que escribo ciencia ficción, aunque no del todo erótica.

—¿Ciencia ficción?

—Sí, ese género que especula sobre acontecimientos posibles pero irreales e intenta dar respuestas lógicas a cosas no tan lógicas, como naves espaciales, vida en otros planetas. Seguro del cine te puede sonar más: Alien, La guerra de las galaxias, o no, y va y simplemente no es tu género…

—¿Y a qué estamos hoy?

—31 de diciembre de 2017, por supuesto. A decir verdad, una fecha un poco complicada para reunir a una promoción, pero como yo no tenía un plan mejor, me pareció buena idea.

—¿Y qué hora es?

—Diez de la noche. En punto.

—Pues debo ajustar mi reloj.

—A lo mejor un Cosmopolitan de esos que lleva el mozo te ayudan. Un poco de alcohol para aclarar fecha, hora, lugar…

—¿Qué bebes tú?

—Yo prefiero mantener la lucidez mientras pueda, en lo que llegan los otros. Es mi segundo ginger ale.

—Está rico el Cosmo. ¡Y rosado! ¡Cómo achispa! ¿Pero me dejas probar también el tuyo?

—Eh, preferiría que no, pero... Bueno, está bien.

—Delicioso. Me encantó probar algo tuyo, Barbarella.

—Ah, qué bien...

—Igual, prefiero el mío. Thanks and love.

—Entonces era puro fingimiento y algo de ciencia ficción conoces… Esa línea es de Barbarella, la película.

—¿Ciencia ficción? Te juro que no entiendo del todo el concepto. Esta fiesta, por ejemplo, ¿qué es para ti? ¿Real o irreal? ¿Posible o imposible?

—Tú sí que haces preguntas raras. Real, por supuesto. Y del todo posible, a pesar de la fecha incómoda…

—Ah, bueno, qué bien.

—Por cierto, no me has dicho tu nombre, aunque no sé si lo tengas claro después de tres Cosmopolitan.

—Por todos los soles, qué maleducada estoy. Pero no te preocupes por el alcohol, de donde vengo, estamos acostumbrados a más, desde todo punto de vista... Aunque este coctel de verdad es delicioso.

—¿Por todos los soles? Qué frase tan interesante.

—Barbarella. Mi nombre es Barbarella.

—Pues que gracia, ja, ja. Veo que contigo no se puede hablar en serio.

—¿Por qué? ¿Tanto te sorprende? ¿Crees que tienes derechos de exclusividad sobre el nombre? Los humanos del siglo 21 son un poquito ególatras. 

—No, no es eso. Es que nunca he conocido a nadie más con mi nombre.

—¿Tu nombre? Mi nombre…

—Está bien. Ya que insistes en que te llamas Barbarella, entonces será mejor que diga nuestro nombre.

—Y esto qué te parece ¿ciencia ficción también?

—Para ser sincera, una broma, con su punto de simpatía lo reconozco. Se ve que Marcos, con los años, se ha vuelto más sofisticado en los chistes…

—¿Quién es Marcos?

—Ah, finges bien. Me percato de que ha contratado a una profesional. Pero ya que insistes en no entender, te explico. Marcos era el payaso del pre, e insistía en hacerme la vida miserable. Sí, acoso, eso que ahora llaman bullyng. Pensé que había madurado, porque me buscó en el facebook. ¿Puedes creerlo? Él me buscó. Y yo de ingenua lo acepté como amigo. Pero no sé para qué te cuento, si tú debes saberlo todo. Vienes a ser su cómplice.

—¿Facebook de nuevo? Tú sí que estás enganchada con las redes sociales. Pero no. Te garantizo que no conozco a ningún Marcos, ni a nadie de ese Cepero tuyo.

—Ya. Lo que tú digas. Entonces cuéntame ¿por qué estás aquí? No me dirás que es pura casualidad que dos Barbarellas se encuentren en una fiesta o en cualquier otra parte, después de todo mi nombre, nuestro nombre, perdón, no es del todo corriente.

—No, no es casualidad. En eso llevas razón. Y estoy aquí de misión, por supuesto.

—Ya. Solo falta que me digas que se trata de una misión espacial.

—Claro.

—Y seguro procedes del año 40,000.

—Acertaste en las dos cosas. Sé que es un punto difícil de aceptar por los humanos del 21, pero no te asombres. Después de todo, el espacio y el tiempo pueden comprimirse, alargarse, o incluso coexistir en una unidad perfecta, fusionados. Bueno, qué voy a explicarte a ti, que escribes ciencia ficción.

—Mozo, un Cosmopolitan, por favor. A ver si me achispo y asimilo todo esto.

—Te dije que el Cosmopolitan estaba más rico que tu ginger.

—Sí, sí. Lo que tú digas. Pero me cuentas de la misión. Quiero ver hasta dónde llega la imaginación de Marcos.

—¿No será mejor que te muestre mi nave?

—¿En serio? ¿Tienes una nave?

RECUADRO

"—Entonces cuéntame ¿por qué estás aquí? No me dirás que es pura casualidad que dos Barbarellas se encuentren en una fiesta o en cualquier otra parte; después de todo, mi nombre, nuestro nombre, perdón, no es del todo corriente.

—No, no es casualidad. Y estoy aquí de misión, por supuesto".

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