Barbarella

—¿En serio? ¿Tienes una nave?

—Ay, Barbarella, pensé que con tus pretensiones de escritora ibas a ser un poco más ágil de pensamiento. Claro que tengo una nave. Debe estar en la azotea, según mi localizador. Tuve un problema con la llegada, pero ya he ajustado las coordenadas. Se puede acceder por ese elevador, el de la derecha. Nos deja directo en la cabina de navegación. ¿Vamos?

—Esto me parece más surreal que otra cosa, pero vamos. Quiero ver cómo termina todo.

—No seas tan negativa, Barbarellita. A lo mejor es más un comienzo que un final. Me encantan estos elevadores de cristal, bastante estéticos para su tiempo por cierto. Y rápidos. Mira, ya estamos en la nave.

—Veo que se la han gastado en decoración.

—Es la cabina de la nave. Ya te dije.

—Aunque se excedieron un poquito en el papel de africana, vaya, para mi gusto. Muy del estilo Flash Gordon.

—Ay, hace un tiempito que no veo a Flash. Qué recuerdos tengo de esos músculos suyos.

—¿En serio? La fiesta era también de disfraces y yo no lo sabía… Hay un Pygar y todo, con alas enormes.

—Pygar es un ornitántropo, o un ángel si prefieres, un ángel ciego con unas plumas maravillosas, para muchos usos... Aunque desvarío, no sé para que te explico. Se me olvida que eres una especialista.

—Y tienen también una Gran Tirana.

—Uy, sí. Es algo de lo que no he podido librarme desde que Sogo se hundió en el Mathmos. Hasta hoy... 

—¿A cuántos convenció Marcos a contribuir con los gastos?

—Hola, pretty pretty, veo que has traído a la nueva pretty pretty. No se parece mucho a ti pero quizá podamos hacer algo con ella.

—Me alegra mucho que esté complacida, Su Majestad Gran Tirana. Ah, Barbarella, están también las niñas. Te recomiendo tener cuidado con ellas, estamos tratando de reeducarlas pero no hemos tenido un éxito definitivo.  De vez en cuando muerden.

—Otra terrícola.

—Umh.

—Pues ya. Tengo que irme. Los voy a extrañar a todos. Cuida a la nueva Barbarella, Pygar.

—Un ángel siempre cuida de todos.

—No necesito que nadie me cuide. Todavía el Cosmopolitan no me ha hecho gran efecto. Por cierto ¿no hay mozo aquí arriba? Quiero otro trago. Pero explícame ¿Irte? ¿Ahora? Tengo que felicitarlos, están muy bien en sus personajes. Muy convincentes.

—Lástima que todavía no te des cuenta. Podríamos haber aprovechado mejor el tiempo que nos restaba juntas. En definitiva no todos los días se encuentran dos Barbarellas. Pero te explico. Te dije que estaba de misión y no sé en cuantos años podré regresar. Debo tomar tu lugar en la Tierra. Es una orden de arriba. Y necesitaba de ti, por supuesto, para que te hicieras cargo de mi nave, pero sobre todo de mi tripulación. Con lo de los nombres iguales intercambiar personalidades es más fácil ¿no te parece?

—Oh, new pretty pretty, considéralo una oportunidad de hacer trabajo de campo. Después de todo es lo más emocionante que te va a pasar en la vida.

—Adiós a todos. Me marcho al fin.

—En serio. ¿Vas a dejarme sola, con estos otros locos?

—Chau, my pretty pretty. Thanks and love. Dile adiós Pygar, que ya desciende y se cierra nuestra escotilla.

—Adiós, mi Barbarella.

—Ay, por Dios, está temblando el piso. Ustedes sí que se toman las bromas en serio. ¿Y la otra, la Barbarella, a dónde fue a parar?

—Cálmate, new pretty pretty, es solo el despegue, después es más tranquilo.

—Aaaaaay. Se está moviendo. ¿Será posible que todo sea verdad? ¿Y la otra me suplante? Pero no, no tiene sentido. Tengo que estar calmada. Es Marcos, tiene que ser Marcos. ¡Y estas niñas terribles! ¡Ay! ¡Una me mordió!

—Niñas. Suelten a Barbarella o no les permitiré jugar luego con mis plumas.

—Ya, en serio. Es suficiente. Abran la puerta, quiero salir. Basta de chistes. ¡Por Dios! ¿Quiénes son estos locos? ¿Por qué vine a la maldita fiesta?

—Pygar, es hora de que ayudes a relajarse a la nueva pretty pretty. Tal vez un poquito de hipnosis le pueda hacer bien.

—¡Dios mío! ¡Esto es un secuestro! ¡Mi mamá! ¡Mis gatos!

—A ver, pretty darling, estás muy estresada, quizá sea momento de tomar una siestecita.

—¡Auxilio! Quiero salir de aquí.

—Sí, Barbarella, ven a mis alas. Y repite: Yo soy Barbarella y esta es mi nave.

—Repeat, pretty pretty: I´am Barbarella.

—No. No quiero. ¡No! ¡Auxilio!

—Sí. I´am Barbarella. Repeat.

—Un ángel no hace el amor. Es el amor.

—Sí, un ángel. No. No quiero. ¿Un ángel? Y… ¡Yo! ¡Yo soy Barbarella!

Barbarella D´Acevedo

Segunda seleccionada de la convocatoria del Colectivo Cuenteros.

Escritora. Profesora y redactora jefa de la Revista Cúpulas en el ISA, Cuba. Teatróloga y graduada del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Obtuvo el Premio la Gaveta (2020), la Beca de creación Caballo de Coral (2018), entre otros. Publicó Alta definición, una antología de cuentos cubanos inspirados en los medios de comunicación audiovisual con Editorial Primigenios (2020) disponible en Amazon.

RECUADRO

"—Ay, Barbarella, pensé que con tus pretensiones de escritora ibas a ser un poco más ágil de pensamiento. Claro que tengo una nave. Debe estar en la azotea, según mi localizador. Tuve un problema con la llegada, pero ya he ajustado las coordenadas. Se puede acceder por ese elevador, el de la derecha. ¿Vamos?

—Esto me parece más surreal que otra cosa, pero vamos. Quiero ver cómo termina todo".

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