Oaxaca revive pesadilla de los sismos en lo más álgido de la epidemia por COVID-19

Tras el sismo de 7.5 grados en la escala de Richter y más de 300 réplicas revivieron el miedo en Oaxaca en medio de lo más álgido de la pandemia por el COVID-19.

Desde la noche del lunes cuando un sismo de 5.2 grados alertó a la población, la tierra no dejó de moverse.

A dos años de los sismos de 2017, el terror revivió la mañana de este martes.

El sismo tocó con furia justo antes de las 10:30 horas.

La alerta sísmica no fue lo suficientemente oportuna para advertir la sacudida.

El miedo llegó desde abajo y se arrojó pateando puertas y ventanas, hizo crujir paredes y en algunos puntos las reventó.

Después las noticias fatídicas recopiladas a cuenta gotas, primero un muerto, luego el reporte de uno más; al final del recuento seis en total en San Juan Ozolotepec, Huatulco, San Agustín Amatengo y Salina Cruz, así como varias personas heridas en todo el estado.

Los minutos corrieron al tiempo que las imágenes en redes sociales de casas fracturadas, iglesias con fachadas rotas, derrumbes carreteros, calles con escombros de las marquesinas desplomadas, miedo extendido con el recuerdo fresco de los sismos de 2017. 

San Juan Ozolotepec, ubicado en la Sierra Sur el lugar más dañado, fachadas caídas a pedacitos, paredes cuarteadas de lado a lado, un centro de salud fracturado por completo.

Al menos 15 personas habrían quedado sepultadas. Desolación.

“En la Sierra Sur tenemos muchos heridos, por favor si pudieran comunicarse con los directores de salud que envían transporte, se llama Santa Catarina Xanaguía, San Juan Ozolotepec, Oaxaca”, fue uno de los primeros mensajes posterior al sismo.

Más tarde, el gobernador del estado, Alejandro Murat Hinojosa confirmó que las 15 personas estaban haciendo trabajos en la carretera municipal en la agencia de Santa Catarina Zapoquila.

Sacudida no respetó iglesias

En la capital, tras el sismo medio centenar de inmuebles quedaron acordonados, cornisas de cantera desmayadas en la vía pública, el ruido de las sirenas recorriendo las calles.

Militares en rondines valorando los daños.

El desalojo al mercado turístico Benito Juárez ante el temor de una fractura mayor por la caída de algunas piedras de la Iglesia de San Juan de Dios.

“Nos vamos dos días, cerraremos. Hay que valorar el daño al lugar”, explicó Melitón Lavariega, administrador del lugar al tiempo del cierre de las puertas principales en donde de por sí, había restricciones para ingresar debido al coronavirus.

“¡No cabrón!, ¡Sí la libró!”, expresa un hombre mientras graba con su celular la suerte de una familia que, mientras circulaba sobre la carretera federal 175 rumbo al istmo de Tehuantepec, fue alcanzada por un alud de rocas que cayeron justo en la parte trasera del vehículo. 

“Hoy de nuevo los oaxaqueños vivimos la experiencia de un temblor, es algo muy común en nuestra tierra de Oaxaca, pero no estamos acostumbrados a vivir y experimentar lo que se siente cuando la tierra se mueve. Nos vemos muy débiles, muy frágiles ante esta reacción de la naturaleza ante esta experiencia del temblor y nos llenamos de miedo, temor, angustia cuando está sucediendo ese movimiento telúrico”, emitió en un mensaje el arzobispo de Antequera Oaxaca, Pedro Vázquez Villalobos.

Quisimos correr, ya no pudimos

"Quisimos correr, ya no pudimos, nos quedamos todos juntos esperando a que pasara el temblor. Para nosotros fue una eternidad mientras escuchábamos como tronaban todo y nos caía tierrita en la cabeza", el testimonio es de Luis, un trabajador de la tienda García, uno de los edificios ubicados en el Centro Histórico que registró desprendimiento de marquesinas por el sismo.

Luis había llegado como todos los días a su centro de trabajo enfundado en su careta y cubrebocas. Subió a la segunda planta para realizar sus labores.

Los primeros segundos fueron imperceptibles para él.

“¡Está temblando!”, grito aterrada una de sus compañeras que de inmediato entró en pánico.

“Primero lo tomamos con juego, nuestra compañera nos avisó”.

Con el movimiento sus pies intentaron correr, pero se paralizaron.

El edificio retumbaba con fuerza, parte de la mercancía cayó al piso.

La sacudida dejó caer el polvo del techo. Las y los trabajadores se arremolinaron tratando de animarse a mantener la calma en medio del pánico.

“Sentíamos miedo, dos de nuestras compañeras sufrieron ataque de miedo”.

El tiempo que duró el temblor para ellos fue una eternidad y para el edificio cuarteaduras en paredes, pisos y escaleras, así como espejos rotos.

“Quedamos cerca de la ventana, desde ahí vimos como los trabajadores del edificio de enfrente que están trabajando en el techo intentaban correr. Yo dije: se van a caer, se van a caer”. 

En el edificio de enfrente una veintena de trabajadores de la construcción llevaba a cabo sus labores de manera cotidiana cuando la alarma comenzó a sonar junto con el movimiento de la tierra. No les dio tiempo de nada.

“Nos tomó por sorpresa, nos tuvimos que agarrar de las trabes y las columnas”, explica Carlos García. 

Él es albañil, justo en ese momento se encontraba en la remodelación del segundo piso de un edificio ubicado en el Centro Histórico de Oaxaca, una de las zonas de la capital que registró mayor afectación a fachadas debido a la antigüedad de los inmuebles.

“Hasta que pasó todo pudimos bajar. Todo se sintió horrible, en ese momento sólo pensé en resguardarme”.

Mientras observa los escombros que dejó el sismo, los restos de cantera arrancados del edificio de enfrente, Carlos asegura estar curado de espanto pues una situación similar la vivió en la Ciudad de México.