Un pausa en el jardín

Quisiera haber puesto de título, el tedio del trabajo, o la desgastante rutina, o ¿Por qué el deber? Finalmente he decidido sea una pausa en el jardín, cualquiera diría los demás títulos son más realista, pero…de entrada tengo un trabajo, tengo una familia, tengo mis mascotas, tengo unos alumnos que creen y confían en mí, y …tengo un jardín.

En estos días de encierro, de un trabajo acuciante, continuo, férreo, (supongo que los estudiantes han de decir más cosas, quizá poco halagüeñas al tener varios profesores exigiendo la presencia las tareas, los videos, etcétera en línea), igual habrá quien lo disfrute, porque esta trabajando desde la comodidad de su hogar. Pero también pienso en aquellos que viven en comunidades distantes, siendo nuestro estado como una especie de un gran papel estrujado de sobremanera sobre el escritorio, aquel papel tiene imaginariamente relieves de montañas, sierras, costa, lagos, valles, abruptos caminos, zonas desérticas y polvosas, encrucijadas yermas, difíciles.

Es entonces que agradezco la inmensa posibilidad de tener lo que tengo, es cierto, que de ratos el cansancio vence, el tedio muele, la rutina cansa, el deber nos convoca sin concesiones; pero, qué seriamos sin el trabajo que nos da la posibilidad de servir, de ser útiles máxime cuando tenemos la vocación, para eso nos preparamos, la realización de nuestra profesión, la extraordinaria posibilidad de salir del bache y reinventarnos; un renovado aliciente nos convoca a asumir a lo que nos dedicamos, a ofrecerlo y hacerlo desde lo mejor de cada uno.

Nos convoca a  pensar en el otro lado de esta computadora en la que hoy escribo, hay quien no la tiene, no tiene el wifi, y quién sabe su salud, quién sabe su economía, el trabajo de sus padres, las condiciones y posibilidades de su propia circunstancia; pensar esto me humaniza sin falsos dramatismos, pero en un recuento, dado que uno también fue estudiante, hago también un reconocimiento a la posibilidad de ejercitar la voluntad, la constancia, el esfuerzo continuo, la esperanza en el mañana, la determinación de lograr los propósitos, la posibilidad de acercarse al ideal que nos ilumina aunque sabemos que nunca lo vamos a alcanzar.

Un viento fresco y renovado entra por la ventana, volteo y veo el diáfano azul del cielo, una brisa fresca mueve los árboles, a la distancia admiro esa enorme montaña que observa nutre y protege a nuestra ciudad, una ciudad recostada sobre un verde valle ahora que ha llovido ocasionalmente; entonces no hay momento para quebrantos, aunque los agoreros de los males desplieguen todas sus fuerzas para hacernos ver sus apocalípticas visiones cubiertas de herrumbre de su propia desesperanza.

¡Estamos vivos!. Estamos aquí ante el nuevo día, y en lugar de verlo como “un día más” es la oportunidad de perfeccionar nuestros haceres, superar nuestros límites, ponernos nuevos retos. El logro del propósito tiene sentido y se disfruta mejor, cuando recordamos los obstáculos que vencimos en el camino, incluso de vencernos a nosotros mismos.

¡Gracias a la divinidad por este momento, por esta bendita pausa en el jardín!