5 claves para entender a Morrissey, hoy en su cumpleaños

“El mundo no escuchará” (“The world won’t listen”). Esta advertencia fue el titulo que Steven Patrick Morrissey (1959) eligió para bautizar la recopilación de singles y “lados b” con que su banda, The Smiths, se despedía en 1987. El cantante, no sólo estaba afectado por la renuncia de Johnny Marr, guitarrista y pilar sonoro del grupo. También sentía que habían perdido la batalla comercial frente a U2 que, precisamente, ese año logró que Estados Unidos se rindiera a sus pies. ¿Su conclusión? La humanidad no estaba preparada para su música tan hermosa y guitarrera pero, al mismo tiempo, sarcástica y depresiva.

Sin embargo, cuatro años después, durante el lanzamiento de su segundo disco solista (“Kill uncle”) aseguraría a la revista francesa Les Inrockuptibles: “Un éxito no es tan importante como parece. No estoy dispuesto a hacer lo que sea para volverme popular… Un amigo me decía: ‘Estás loco al decir que no al (programa televisivo) Top of the Pops. Yo daría mi brazo por estar allí’”. Y le respondí: ‘Pues tendrías un aspecto un poco ridículo en Top of the Pops con un solo brazo’”.

Después de todo, Morrissey y su ex banda constituyen un caso rarísimo en la historia del rock. A pesar de sonar en las radios, aparece en las bandas sonoras de películas exitosas -desde “Pretty in pink” a “(500) days of summer”-, y es portada de revistas, pero jamás ha abandonado su estatus “de culto”. Una verdadera religión donde sus seguidores son capaces desde tatuarse su rostro hasta convertirse al vegetarianismo extremo. ¿Cómo se explica? Acá un puñado de razones.

1.- LETRAS RETORCIDAS

La fórmula ‘letra triste/música alegre’ ha sido muy popular en el pop (“Help” de los Beatles es un ejemplo perfecto). Pero el humor negro y la ambigüedad, no tanto. Sólo Morrissey fue capaz de llevarlos a la masividad. Por ejemplo, la “romántica” fantasía del que desea morir triturado por un bus de dos pisos junto a la persona amada (“There’s a light never goes out”). O la fórmula para tener a la persona amada: “Yo sé que amas a una persona pero… ¿no pueden ser dos?” (“My love life”).

Pero también hay espacio para la ambigüedad, como en “Girlfriend on a coma” donde junto con lamentarse de la seriedad de tener a la novia a punto de morir, reconoce que muchas veces querría asesinarla. Por otro lado, ¿cómo interpretar la frase “tomaste a un niño y lo convertiste en adulto” (“Reel around the fountain”)?

Y no olvidemos las recomendaciones que da a un inmigrante indio para protegerlo -¿o alejarlo?- de Inglaterra: “Pospone tus planes occidentales y trata de comprender que la vida es bastante dura aquí” (“Bengali in platforms”).

2. SONIDO ROCKERO

En The Smiths la música era elegante y compleja. Por ejemplo en “This charming man” la guitarra es prácticamente una segunda voz y “How soon is now?” hizo historia por el uso del trémolo.

Como solista Morrissey ha privilegiado, en cambio, los grandes estribillos herederos de la canción pop mediterránea de los sesenta y arreglos de guitarra eléctrica cada vez más densos.

Esta sonoridad -heredera de su pasión por el glam y el rockabilly- es el soporte para las letras, no del todo sencillas y donde él se luce en shows en vivo, gesticulando, exigiéndose en la voz y dando espectáculo.

3. HACER QUE EL OYENTE CREA QUE SÓLO CANTA PARA ÉL

Una de las cosas que más repiten los seguidores de Morrissey es que su música les ha salvado la vida. Y eso se debe precisamente al otro fuerte del cantante como compositor: resumir de manera precisa estados de ánimo complejos: “soy odiado por amar”, “soy humano y necesito ser amado, como todos”, “mientras más me ignoras más me acerco a ti”, “en el infierno hay lugar para mis amigos”, “anoche soñé que alguien me amaba”, “todos los días son domingos” o la más reciente “abrazo a París porque sólo las piedras y el acero aceptan mi amor”.

La búsqueda del afecto, la falta de integración social y las paradojas, Morrissey las convierte en canciones pop de fácil identificación. Como buen lector de poesía, sabe que a veces basta una frase o un título de canción para apretar la garganta del oyente. Como si conociera sus problemas más íntimos. “Utilizo un vocabulario muy sencillo pero de una forma, espero, impactante. Con esto me refiero a decir aquellas cosas que la gente encuentra difícil de decir en la vida cotidiana, como ‘no quiero trabajar’, ‘no quiero enamorarme’, o ‘soy horrible’. Me refiero a las cosas que son verdaderamente simples pero que el mundo no se atreve a decir”, declaró en los ochenta.

4. NO TIENE PROBLEMAS EN RECONOCERSE UN BICHO RARO

“La gente a mi alrededor disfrutaba haciéndome sufrir, creían que me lo merecía”, recordaba Morrissey de su niñez. Pero también era consciente de lo peligroso de victimizarse: “Hay un goce perverso y amargo en el hecho de sentirse único. Hay que pagar un precio muy alto y renunciar a muchas cosas en la vida. Pero debía hacerlo”.

Debió haber sido muy brutal para él, encontrarse de la noche a la mañana con miles de personas que aseguran conocerlo y amarlo. De ahí que los mismos fans digan que la única forma de relacionarse con él es a través de su música, no del contacto cara a cara. Que se vista de sacerdote en algunos shows o videos no es tan sólo un gesto irónico: hay algo derechamente religioso en el cantante.

5. UN UNIVERSO DE REFERENTES ATÍPICOS

Aunque es una estrella de rock que pide limusinas y las mejores habitaciones de hoteles, hay ciertos gestos “separatistas” que lo han distinguido de otros músicos y a la vez han inspirado a sus seguidores a descubrir otros universos culturales o de pensamiento.

En los ochenta lanzaba flores al público en parte para distinguirse de las otras bandas pero también como referencia al cuento “El ruiseñor y la rosa” de Oscar Wilde.

Precisamente este autor -como figura pública y como escritor- es fundamental para Morrissey quien lo cita constantemente. Por otro lado, es un activista de los derechos animales, un disco de los Smiths se llama “Carne es asesinato”, y hay hasta un sitio de internet que recopila las fotos que se ha tomado con gatos durante su vida como cantante famoso.

El arte de las tapas de discos tiene una continuidad que se basa en fotogramas de películas hollywoodenses e íconos pop lo suficientemente olvidados para llevar a sus oyentes a investigarlos.

También fue un fuerte crítico de la monarquía inglesa, y del poder político, al punto de decir que sería bueno que Margaret Thatcher hubiera muerto. Todo esto en un solo cantante, indudablemente lo elevaba a esa categoría donde también están Bowie o Iggy Pop: son famosos pero siguen siendo de culto.