COLECTIVO CUENTEROS| Un oaxaqueño junto al Coronavirus

Escribo esto el 14 de febrero; lo hago así, porque las medidas de la cuarentena en mi pueblo me están enloqueciendo. También hago esto porque después de salir a sacar la basura la noche de ayer, autoridades chinas introdujeron una carta de indicaciones bajo la puerta. Pero asumo que como la mayoría de oaxaqueños no saben nada de China y ahora mismo el Coronavirus hace que las noticias sean un vertedero de falsedades e imágenes apocalípticas que vale la pena aclarar a la sociedad oaxaqueña, por aquello que se hayan preguntado si por casualidad hay uno de los suyos en la tierra del kung-fu, los pandas y la contaminación sin medida.

Mi nombre es Gonzalo Zárate, soy del Valle, nací en el IMSS y mi familia ha vivido desde que tengo uso de razón en la colonia Reforma. Tengo viviendo cinco años en China y el pueblo donde vivo está a unas seis horas de Wuhan, la ciudad donde brotó el Coronavirus. Decir pueblo es muy relativo, porque el pueblo donde vivo, Shi-Ping, tiene casi el doble de tamaño que la ciudad de Oaxaca; pero acá en China, todo es en dimensiones muy gigantescas. Por ejemplo, Wuhan es un poco más grande que la Ciudad de México, por lo que aquello de pueblo, es únicamente en términos chinos.

Trataré de no desviarme, pero me siento muy ansioso; me gustaría que todos leyeran mi historia, aunque sé que lo más importante en este momento es todo lo relacionado con el Coronavirus o si acaso ya hay muertos vivientes en las calles de China. Intentaré contestar las preguntas más evidentes, pero si acaso faltara alguna información, les dejo mi correo y así podemos seguir en contacto.

Al día de hoy, llevo cuatro semanas de cuarentena; tal vez para cuando se publique esta carta, tenga unas 5 o 6 semanas de cuarentena; eso quiere decir que si las cosas no cambian, podría cumplir un mes sin salir de casa, una pasada. Lo más cercano que viví respecto de una cuarentena, fue cuando la influenza llegó a México, creo que fue en el sexenio de Calderón, pero yo estaba muy niño, únicamente recuerdo que a partir de ahí se comenzaron a vender más los geles antibacteriales y que mi familia decidió irse a la playa durante casi una semana; llegamos a casa de los hermanos de mi padre y en ningún momento sentí que nuestra cotidianidad hubiese cambiado.

Pero volviendo al tema, acá ya voy para cuatro semanas encerrado con mi esposa y mi suegra. Sí, estoy casado con una china, tenemos apenas un año de casados y nunca había pasado tanto tiempo ni con mi suegra ni con mi esposa. A estas alturas, no podemos salir en auto, no podemos usar ni un solo vehículo, incluso la bicicleta. Hace apenas dos semanas todavía podíamos salir si dejábamos nuestros datos, ahora esto es imposible. ¿Qué más?, sí, ya me acordé, las compras: hace una semana todavía había algunas tiendas y farmacias abiertas y podías acercarte a hacer algunas compras sin problema, ahora esto ya no se puede hacer, tenemos que pedir los objetos que deseamos y dos días después nos los traen. La verdad, esto a mí me puso muy ansioso, porque me sentí ya completamente trastornado; por eso, durante tres días seguidos me puse a pedir viandas compulsivamente, a tal grado que las autoridades chinas tuvieron que advertirnos sobre esta conducta.

Ahora, se preguntarán qué sucede si no haces caso a las advertencias; pues, las sanciones van desde la cárcel hasta la pena de muerte, pero vamos, no te matan por ir a comprar unas cervezas. Por ejemplo, si tú denuncias a alguien de violar las reglas o de que te andas reuniendo con más personas o que andas haciendo una vida normal, pues la policía llega por ti y te mandan a un centro de cuarentena. La policía también te puede multar o detener si andas por la calle sin ninguna razón de peso. Por ejemplo, ayer mi esposa y yo salimos a despejarnos y estirar las piernas; las dos calles por las que anduvimos se encontraban completamente vacías, incluso silentes, algo completamente anormal en este barrio de comerciantes y tiendas.

Se preguntarán cómo es un pueblo chino; la verdad es que desde que llegué en 2015 al día de hoy, las cosas han cambiado muchísimo; antes, estas calles eran rurales, tal cual, sin pavimentar y todavía podías ver a gente con sus animales; hace justamente cinco años, mi suegra abrió su tienda de zapatos, era la única tienda de la zona; cinco años después, todo ha cambiado; es difícil explicarlo, no soy bueno escribiendo y esto me ha costado mucho trabajo, pero digamos que la estética del pueblo es muy parecida a la Central de Abasto, pero un poco más limpio e iluminado e igual de caótico y medio desordenado.

Es difícil hacer una comparación entre Oaxaca capital y Shi-Ping; aunque ahora que lo pienso, lo que más se asemeja no tiene que ver con la apariencia, sino con la sensación rural de los habitantes y sus costumbres; al igual que en Oaxaca, yo me siento en una sociedad de muchas tradiciones y todavía muy vinculada a su pasado rural y agrícola.

Ya se habrán dado cuenta que me desvío muy fácilmente; estoy encerrado pensando en una buena nieve de limón con tuna de las que vendían los triciclos.

Ya me acordé, apenas ayer mi suegra me mostró una imagen difundida por la policía a través del wechat; es una lista de nombres y direcciones de las personas que han salido de sus casas a pesar de las advertencias; en verdad, creo que lo hacen no tanto para exhibir, sino para que en verdad si conoces a alguna persona enferma, tengas cuidado y sobre todo las persuadas a cumplir las normas.

Las cosas se pusieron así hace una semana, a inicios de febrero, cuando de repente subió el número de contagios de manera escandalosa, pero esto se debe a que los médicos chinos modificaron los procedimientos y ciertos síntomas que no se tomaban en cuenta comenzaron a ser identificados; asumo que esto sucede por la evolución del virus, aunque la mera verdad no podría asegurarles la razón exacta.

Con todo esto me pregunto: ¿cómo habría reaccionado el gobierno en México?; lo digo, porque a comparación de los chinos, los mexicanos somos expertos en evadir las normas o simplemente en no respetarlas. Acá en China, al menos a partir de esta epidemia, la gente no ha intentado ponerse rebelde; claro que hay casos aislados y aunque no lo crean, la mayoría de las personas detenidas por no respetar la reglas han sido de señoras mayores de 50 años, quienes afirman que todo es falso y que ellas han sobrevivido a peores enfermedades.

Mi esposa acaba de leer lo que llevo de texto y me ha comentado atinadamente que no he dicho a qué me dedico. En verdad no tenía muchas ganas de hablar sobre mi profesión porque llegué muy circunstancialmente a ella. Bueno, el caso es que soy maestro de Español, doy clases en la universidad del pueblo y ahora mismo las clases las estoy dando a distancia, por lo que en verdad mi ritmo de trabajo no ha disminuido tanto, a pesar de la crisis provocada por el Coronavirus.

Para mí, el gran problema del encierro es el miedo y la tristeza de la gente que, como mi suegra, está acostumbrada a salir todos los días al trabajo. Es decir, los comerciantes están padeciendo el encierro y por si fuera poco, quienes tienen créditos bancarios se han visto en la imposibilidad de poder pagar o abonar los montos mensuales o semanales que deben. El impacto de la epidemia a nivel económico estoy seguro que será terrible; acá en China se especula que nos tardaremos dos años en recuperar el nivel de crecimiento que se había tenido en los últimos años.

Debo decir que todos los días hay noticias buenas y noticias desalentadoras; por ejemplo, el caso de las cárceles. En los últimos días se ha informado que en diversas cárceles hay problemas graves, sin embargo, no se han dado detalles sobre cuántos o cómo están atendiendo a los enfermos.

Aunque hay pocas comparaciones respecto al tamaño de México y de China, lo que sí es comparable es la realidad rural de ambos países. Es decir, aunque en las ciudades chinas las medidas han sido bien recibidas y ejecutadas, en las partes rurales no se tienen datos certeros respecto a contagios o medidas de prevención; de ahí que el conteo diario de contagios no sea realmente exacto, al menos, eso es lo que creo yo.

Se preguntarán por qué no decidí salir del país antes de que la crisis fuera mayor, pero es que la verdad no tengo planeado dejar de vivir en China, mi esposa es de aquí y antes de esta crisis, la verdad en China mi vida ha sido muy placentera. Aunque debo decirlo, en los últimos días he meditado en la opción de irnos y volver a México, sin embargo, creo que hacerlo sería contraproducente.

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